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primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

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vacio primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Miér 30 Ene 2013, 15:04



No, no se me ha ido la pinza, ni he cambiado la temática del blog. Esta entrada va de armamento medieval, pero usado hace apenas casi un siglo, cuando tuvo lugar el primer conflicto mundial, la Gran Guerra, como la denominaron antes de que hubiese otra más gorda apenas 21 años más tarde. Como puede que a más de uno esto le suene un poco raro, lo pongo en antecedentes:

La Gran Guerra fue un punto de inflexión en lo referente a las guerras convencionales. Nuevas armas sembraron la muerte y la destrucción de una forma nunca vista hasta entonces: la novedosa aviación, una artillería con una potencia de fuego apocalíptica, ametralladoras que segaban batallones enteros en cuestión de minutos, gases como el fosgeno o la iperita, que acababan con una compañía en segundos, los lanzallamas, que dejaban como torreznos a los desdichados que pillaban bajo su chorro ardiente de petróleo... De hecho, siempre he pensado que, desde el punto de vista del combatiente, ese conflicto fue mucho peor que la Segunda Guerra Mundial, entre otras cosas por las misérrimas condiciones de vida en las trincheras, donde la humedad, las ratas, el hedor de los cadáveres insepultos y las inacabables preparaciones artilleras que duraban horas o incluso días enteros ponían a prueba, no ya el valor, sino el sistema nervioso del personal.

Pero, a pesar de los avances tecnológicos en lo que a armamento se refiere, fue una guerra estática en la que, prácticamente, no se movieron lás líneas de ambas partes salvo en determinadas ofensivas en las que, para avanzar apenas 200 metros, se dejaban trescientas o cuatrocientas mil bajas en cada bando en dos o tres meses. Ese estatismo conllevó a una guerra sucia, de golpes de mano nocturnos, de infiltración en las líneas enemigas para hacer todo el daño posible y retirarse, o de ataques en masa en los que en media hora caían miles de hombres por la implacable acción de las ametralladoras, el fuego de barrera artillero o unos terroríficos combates cuerpo a cuerpo que, en la estrechez de las trincheras, requerían un tipo de armas que ya solo se veían en los museos. Esa era la guerra de trincheras.

Así pues, lo primero que se rescató fue el casco, una protección que, ya a finales del siglo XVII, era un recuerdo. En los primeros meses de guerra, los estados mayores de los ejércitos implicados se percataron del monstruoso número de bajas producidos por heridas en la cabeza. Y no ya de impactos de bala directos, sino por simples esquirlas de metralla o cascotes que volaban por los aires como consecuencia de las explosiones. Así pues, llegaron a la conclusión de que, si las tropas llevaban la cabeza protegida, se ahorraban de un plumazo miles de bajas con lo que ello conllevaba. Así pues, los ingleses se limitaron a copiar una capelina medieval de un museo, lo cual ya mencioné en la entrada referente a este yelmo, los franceses encargaron un diseño al general Adrián para lo cual éste formó una comisión formada por artistas, escultores y demás (los gabachos siempre tan poéticos) y crearon un casco de corte clásico y elegantes formas, con una cimera y todo, y los alemanes, más pragmáticos, un formidable casco cuyo aspecto recuerda a la típica celada gótica. Pero la cosa no quedó ahí, ya que se llevaron a cabo multitud de diseños para fines muy específicos y que algunos son literalmente clavados a yelmos medievales. Veamos algunos ejemplos...


Ahí tenemos un bacinete globular de nueva generación, denominado oficialmente como Mark 1 Nº 1 y, al lado, uno medieval. Se trata de un diseño norteamericano que, francamente, no tuvo mucha aceptación y, de hecho, no pasó de prototipo. Pero el simple hecho de preocuparse por diseñar algo así ya dice mucho. Al final, los yankees usaron el modelo inglés convencional, mucho más práctico, y que tuvieron en servicio hasta los comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Otro ejemplo, en este caso un almete diseñado para los servidores de las ametralladoras. Debido a que lo único que quedaba expuesto al enemigo cuando disparaban era la cabeza, pues cogieron un almete y se lo plantaron al ametrallador a ver que pasaba. En este caso, el diseño es inglés. Bueno, más que el diseño la idea, porque el diseño tenía ya siglos a cuestas.

Uno más, también para servidores de ametralladora y claramente inspirado en un yelmo de cimera, pero sin los respiraderos. Conviene tener en cuenta un detalle, y es que, tanto este prototipo como el anterior, no estaban destinados a detener un hachazo o un tajo de espada, sino una bala. Eso implicaba que su grosor era muy superior y, por ende, su peso también. En la práctica, estos inventos no tuvieron profusión porque, aparte de limitar mucho la visión a un sujeto que, precisamente por su misión, debía tenerla más que despejada, su enorme peso los hacía inviables.

Y uno más, éste diseñado por el ejército belga y con un curioso parecido a una celada gótica, con la única diferencia en que la segunda lleva rendijas para facilitar la visión, y el invento solo agujeritos que impedirían hasta apuntar el fusil. Solo le faltaría la típica babera de las celadas medievales para dar el pego, ¿no?

Máscara facial diseñada por los franceses para los tripulantes de los carros de combate. El engendro en cuestión, como se ve, consta de una máscara que cubría la mitad superior de la cara e iba provista de un visor. La parte inferior del rostro, así como el cuello, quedaban protegidos por la cota de malla unida al mismo, de forma similar a los camales que llevaban los bacinetes medievales. El objeto del invento no era otro que proteger la cara y los ojos contra las esquirlas de metal del blindaje que, al recibir un impacto por fuera, se desprendían y salían disparados en el interior del carro de combate, lo que producía gran número de bajas por heridas en cuello, cara u ojos. Esta protección sí gozó de más popularidad ya que, apesar de lo engorroso de la misma, mejor era llevarla que acabar tuerto o con la carótida seccionada por una esquirla birriosa.





En esta se mostrará como el armamento del lejano medievo fue rescatado para emplearlo a fondo en los violentos "cambios de impresiones" habidos entre ambos bandos a lo largo del sangriento conflicto.

Como ya anticipé, una de las principales actividades nocturnas del personal era infiltrarse en las líneas enemigas, no para librar grandes batallas ni nada similar, sino para llevar a cabo breves pero intensas escabechinas que solían dejar al enemigo bastante mohíno y desmoralizado al ver como perturbaban las pocas horas de sueño disponibles a puñaladas, bombazos y tiros. Estos golpes de mano eran llevados a cabo, como ya se puede suponer, por hombres especialmente bragados, muy audaces y diestros en el manejo de las armas a la hora de llegar a un cuerpo a cuerpo bestial. Fueron los alemanes (como no) y los italianos los únicos que crearon unidades especialmente adiestradas para tal fin: las sturmtrüppen, o tropas de asalto, y los militari arditi, que podríamos traducir como militares o soldados ardientes, o sea, valerosos. Los demás ejércitos en liza se limitaron a llevar a cabo este tipo de acciones con hombres seleccionados por su arrojo y valentía, pero sin formar parte de unidades especialmente creadas para ello.

Básicamente, estos golpes de mano eran llevados a cabo por pequeños grupos que, en al amparo de las tinieblas, se colaban en las trincheras enemigas, desencadenaban un verdadero infierno que duraba escasos minutos, y se largaban a toda prisa. Iban armados hasta los dientes con granadas de mano, armas cortas, los primeros subfusiles y, naturalmente, con las armas recuperadas del pasado y motivo de estas entradas. El armamento reglamentario de la tropa de la época se limitaba a su fusil y la bayoneta, que en situaciones así no servían de gran cosa, así que ellos mismos se dedicaron a fabricarse lo que necesitaban. O sea, que los estados mayores casi nunca se pusieron por la labor de dotar a las tropas de armas adecuadas para la guerra de trincheras, y tuvieron que ser los mismos soldados o, como mucho, a nivel de compañía o regimiento, los que se las procuraron como buenamente pudieron. La única excepción en esto fueron los petos que portan los "arditi" de la foto de cabecera, protección bastante popular entre estos y los alemanes, que llegaron a fabricar miles de ellas.

Veamos pues algunas de las creaciones más difundidas...

Ante todo, el cuchillo de trinchera. Las bayonetas reglamentarias de la época eran de una longitud inadecuada para ser usadas como una simple daga, y en los arsenales no había nada parecido así que, ingenio al canto, reciclaron las bayonetas en cuchillos dándoles la forma y longitud adecuados. Así pues, los sufridos combatientes se convirtieron en cuchilleros de circunstancias y, ciertamente, no se les dio nada mal. A la izquierda tenemos algunos ejemplos de los muchísimos que se fabricaron. El A procede de una bayoneta francesa, la célebre Rosalie, a la que se le ha cortado la hoja por la mitad y se le ha eliminado el resorte de retención para el fusil. Su aguzada hoja cruciforme era muy idónea para apuñalar, introduciéndola por la base del cráneo y, a través del foramen magnum, llegar al cerebro. Esa técnica era especialmente adecuada para que la víctima no dijese ni pío y, además, cayese literalmente fulminada. La B es una bayoneta canadiense, también con la hoja recortada. El C era el archifamoso "clou", el clavo francés, sacado de los soportes de los aislantes de cristal de los postes de electricidad, debidamente martilleados para darle forma a su rudimentaria hoja. El D es una hoja de Rosalie recortada y embutida en una empuñadura de madera con una arandela como guarda. O sea, una daga de arandelas del siglo XX, ¿no? El F era conocido como puñal de esqueleto, una daga de doble filo cuya empuñadura, como se ve, es un simple armazón metálico soldado a la espiga de la hoja. La G es una bayoneta alemana cuya hoja ha sido curvada y convertida en una auténtica sica rebanacuellos. Finalmentre, el H es un estilete sacado también de la hoja de una Rosalie a la que, en un refinamiento de mala leche, se le ha dentado el filo. Como dato curioso, los miembros de los regimientos bávaros, a la vista de como estaba el patio, pedían a casa que les enviaran por correo sus famosos cuchillos de caza, muy idóneos para usarlos como cuchillo de trinchera.

Con todo, llegó un momento en que la industria militar echó una mano, fabricando cuchillos para cuyo diseño, si observamos la foto de la derecha, parece que pasaron un día inspirándose en un museo. El de arriba, fabricado por la St. Etienne francesa, está prácticamente calcado de la morfología de los estiletes venecianos del siglo XVI. Sólo se le ha añadido un pomo aguzado para usarlo para golpear al enemigo. Está fabricado enteramente de metal, por lo que su resistencia debía ser notable. La hoja, de sección cruciforme como la de la Rosalie, estaba especialmente concebida para apuñalar. Esta acción se solía llevar a cabo de la forma explicada arriba, o bien introduciendo la hoja bajo el esternón y hacia arriba para alcanzar el corazón. De ese modo se buscaba siempre una muerte fulminante del enemigo, cosa que no se conseguía clavando en zonas blandas del cuerpo porque, al carecer de filo, apenas producían hemorragia. Y en situaciones de estrés, un enemigo malherido era igual de peligroso que uno sin herir, por lo que era absolutamente preciso dejarlo fuera de combate de forma rápida y expeditiva. El de abajo es un cuchillo fabricado por la Wilkinson inglesa (sí, los mismos de las cuchillas de afeitar, que ahora es un negocio más rentable). Es talmente una daga de guarnición medieval, una killion dagger, como dicen ellos. De hecho, hasta su empuñadura está forrada con alambre torcido. Su hoja de doble filo es más versátil que la anterior por razones obvias. O sea, que no solo apuñala, sino que corta al ser clavada, por lo que sus efectos eran más contundentes.

Ya vemos como la daga medieval resurgió de sus cenizas en forma de daga de arandelas, o de misericordias varias, o la curiosa sica germana. Pero también se resucitaron las añejas mazas barradas que blandieron los guerreros medievales, si bien un tanto rudimentarias, y otras más en la línea del morgenstern que vimos hace poco. Ahí tenemos algunos ejemplos muy ilustrativos. La A va rematada por un casquillo de hierro erizado de clavos. Es de origen desconocido. La B es alemana, muy en línea con las porras que aparecen en la Biblia Maciejowski y que algunos recordarán. Se trata de un garrote rematado con un casquillo de hierro y clavos de herradura. La C es un tanto... básica, pero no por ello menos efectiva. No es más que un burdo palo rematado con clavos y alambre de púas. Su diseñador no era precisamente un sujeto muy sutil, pero captó la idea enseguida. La D es un eficaz mangual alemán, cuya cabeza de armas es prácticamente clavada a uno con que ilustré la segunda entrada dedicada al morgenstern. La E, finalmente, es un ingenioso remedo de una maza barrada, para lo cual recurrieron a algo tan abundante en esa época como un engranaje. Vamos, lo que el "experto" de turno denominaría como "una perfecta y armónica fusión de ambas épocas en el espacio y en el tiempo".

Y si alguno no se acaba de creer que en tiempos tan avanzados se usaban esas armas, pues ahí tiene un testimonio gráfico que lo sacará de dudas. En la foto podemos ver a dos soldados del ejército austro-húngaro, cada uno de ellos empuñando uno de estos morgenstern de nueva generación, fabricados exactamente igual que 400 años antes: un mango de madera rematado por arandelas erizadas de púas, que por cierto también pueden verse similares, cuando no idénticos, en la entrada dedicada a estas peculiares y rudimentarias armas que tanto juego dieron en su época. Por cierto que, también como dato curioso, en los grupos de asalto alemanes siempre solía ir un soldado con un escudo fabricado con chapa y que era el que, una vez introducidos en la trinchera enemiga, encabezaba el grupo. En la estrechez de la misma, dicho escudo les servía de protección contra los disparos de los sorprendidos adversarios. Por lo general, el portador del escudo solía empuñar una pistola P-08 con un cargador de caracol de 52 cartuchos, para no tener que andar recargando, o con una pala.

Sí, una pala de trinchera. Eran las hachas de la época. Como quizás muchos hayan visto alguna vez, se trataba de pequeñas palas de mango corto como la que aparece en la foto de la derecha. Pronto se dieron cuenta de que, debidamente afiladas, tenían la contundencia de un hacha medieval. Así que, piedra de amolar al canto y ya tenían una eficaz arma para dejar en el sitio al enemigo en un cerrado cuerpo a cuerpo. ¿Alguno ha leído "Sin novedad en el frente", de Erich María Remarque? En una de las vívidas escenas de combate que describe su protagonista, Paul Bömer, éste narra como uno de sus camaradas, el gigantesco Haie Westhus, usa su pala para decapitar a un francés.

Es posible que más de uno piense que los que usaron estas armas en tiempos modernos eran especialmente salvajes pero, ¿lo eran más que el bombardero de un B-52 que aprieta un botón y deja caer 70 toneladas de bombas? Yo diría que no. Otra cosa es tener el morbo, como aparece en la foto de cierre, de usar un fémur humano como empuñadura para su cuchillo de trinchera. Pero también es posible que el que lo fabricó tuviese ya el cerebro un tanto desmoronado por convivir a diario con el apocalipsis.







Como se ve en la foto superior, el tema de las corazas se lo tomaron todos muy en serio. Ahí vemos un grupo de soldados alemanes equipados con unas similares a las que hemos visto hasta ahora y que, las cosas como son, a más de uno le salvaría la vida. Todo el torso va enteramente cubierto por la chapa metálica, así como el bajo vientre. Solo las extremidades y la cara quedan expuestas al enemigo, y siempre era mejor un balazo en una pierna que te quitaba del frente una temporada, que uno en el pecho que te quitaba del mundo para siempre jamás.

Y, ciertamente, muchos debieron librarse de una muerte segura si observamos los petos de los arditi italianos de la foto inferior, el de la derecha literalmente acribillado a balazos. Obsérvese además las correas que aparecen en la parte inferior de los petos, idénticas a las usadas en las armaduras medievales para sujetar las escarcelas que protegían los muslos. Por otro lado, el casco que porta el hombre de la izquierda, ¿no es muy similar al capiello que aparece en el detalle inferior izquierdo de la foto? La única diferencia radica en el visor, que en este caso es más grande que en el medieval, y va protegido por una rejilla metálica para no limitar tanto la visión.



El tema de acorazar al personal, como ya comenté en una entrada anterior, no solo fue iniciativa de alemanes e italianos, sino del resto de tropas en liza. En la foto inferior tenemos tres ejemplos, dos de ellos bastante curiosos. A la izquierda vemos un soldado inglés con una especie de perpunte cuyo cuello va unido al casco. En el centro, un prototipo francés a base de cota de malla y láminas de metal que protegen prácticamente todo el cuerpo. Hasta lleva coderas y rodilleras como una armadura convencional. A la derecha, un soldado belga.



Pero el retorno al pasado no solo consistió en retomar las añejas armas medievales de dotación personal, sino incluso fueron más allá, recuperando también la milenaria tormentaria que, durante siglos, fueron las protagonistas de innumerables asedios. Claro está que acorde a los tiempos y, en vez de lanzar bolaños o pellas ardientes, pues lanzaban granadas. Veamos algunas fotillos...

Ahí tenemos un lanzador de granadas francés que, como es lógico, no usaba como elementos de torsión crines de caballo o fibras vegetales, sino muelles helicoidales. Pero, básicamente, la idea era la misma que dio lugar al onagro. La intención de estos chismes era lanzar granadas a distancias muy superiores a las que era capaz de alcanzar un hombre, bombardeando con las mismas las trincheras enemigas gracias a su trayectoria parabólica. Hay que tener en cuenta que las trincheras de los diferentes bandos estaban a veces a apenas un centenar de metros, e incluso menos, distancia que estas máquinas podían cubrir sin problemas.

Otro lanzagranadas similar, en este caso de origen británico. En la parte delantera se aprecian claramente los muelles que accionan la máquina y, por la cara de uno de sus servidores, parece ser que cargarla requería el mismo esfuerzo que las antiguas catapultas medievales. Estas máquinas tenían además una ventaja añadida, y es que su funcionamiento apenas hacía ruído por lo que el enemigo no podía localizar fácilmente su posición a fin de neutralizarlas. Una batería de estas catapultas redivivas podía lanzar cientos de granadas contra una trinchera enemiga al cabo del día, con los efectos que se pueden imaginar.

Algunos de estos lanzadores incluso se inspiraron directamente en antiguos diseños del gran Leonardo que, aparte de dedicarse a crear complicados códigos inventados por novelistas, era muy aficionado a diseñar máquinas con fines militares. En sus diseños, como muchos sabrán, aparecen, además de máquinas de lanzamiento, helicópteros y carros de combate. Era la leche ese hombre. Bueno, ahí tenemos una catapulta francesa que, comparada con el diseño de Leonardo que aparece al lado de la misma, se puede decir que la única diferencia radica en el material con que están construidas. La moderna estaba fabricada con láminas de metal, posiblemente de ballestas de camión.

Y en algunos casos incluso recurrieron a ingenios anteriores a la edad media. A la derecha aparece un francés con una ballesta, también para lanzar granadas, cuyo parecido con la gastraphetes usada por los griegos 400 años antes de Cristo no deja de ser muy revelador. Una eficaz forma de hacer llegar la muerte al enemigo, pero de forma silenciosa, ¿no?

Bueno, con esto concluyo. Como se ha visto, hay diseños que superan el paso del tiempo. Aún hoy día, cuando pulsando un simple botón se desencadena el Juicio Final, las tropas de muchos países siguen portando cuchillos, siguen recurriendo al arco y la ballesta para aniquilar al enemigo sin hacer ruído, y los modernos chalecos anti-fragmentación impiden que un trozo de metralla acabe con sus vidas como antaño lo hacía una flecha.

Hale, he dicho...




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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Miér 30 Ene 2013, 20:45

Bueno antes, hace unas horas, cuando quise postear este mensaje tuve un problema con mi conexión y se quedó a medías, por fin aquí lo teneís entero. [ok]

Se suele hablar de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, tales como el holocausto, los campos de concentración, los asesidios a ciudades como Leningrado o Stalingrado, etc, y de los más de 50 millones de personas (civiles y militares) que murieron en ella. Todo ello ensombrece y deja un poco en el olvido a la guerra que fue en gran parte la causante de la Segunda Guerra Mundial, y que en su día fue llamada la Gran Guerra, pensando que nunca más volvería a haber una mayor ni tan devastadora. Y es que, a pesar de sus "escasos" 9 millones de muertos (la mayoría militares), se podría decir que está guerra fue mucho más cruel y brutal en algunos aspectos, como fue la guerra de trincheras que la caracterizó casi de principio a fin. Fruto de esa situación surgieron o mejor dicho resurgieron entre los soldados armas "primitivas" y brutales que muchos ya habían relegado al pasado...
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Invitado el Jue 31 Ene 2013, 14:42

Un buenisimo aporte alexander!!
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Jamiroth el Vie 01 Feb 2013, 00:32

Interesante articulo. En general se dice que la primera guerra mundial fue peleada con tácticas del siglo 19.
Aunque la verdad, toda guerra es muy fea.
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Vie 01 Feb 2013, 14:41

Jamiroth escribió:Interesante articulo. En general se dice que la primera guerra mundial fue peleada con tácticas del siglo 19.
Aunque la verdad, toda guerra es muy fea.

Efectivamente, durante buena parte de la contienda y casi hasta el final, se seguía peleando como en el siglo XIX. Las cargas de caballería pronto demostraron ser ineficaces, y los ataques de grandes masas de infantería también lo eran, debido, entre otras armas, a la ametralladora, la cuál permitía acabar con la vida de cientos de soldado en cuestión de segundos. Aún así las cargas masivas de infantería seguían utilizándose hasta el final de la guerra. Normalmente la infantería, refugiada en las trincheras (y procurando no exponer la cabeza demasiado a disparos de francotiradores) esperaba durante horas, a veces días y noches enteras, a que terminara el incesante "bombardero de preparación", para a continuación salir en masa de sus trincheras y avanzar por la tierra de nadie hasta llegar a las trincheras enemigas donde intentaban tomarlas. La mayoría de las veces, esto no se conseguía, ya que en cuanto abandonaban la seguridad de las trincheras eran atacados por fuego de artillería y una combinación de disparos que les causaban enormes bajas, por lo cuál se veían a menudo obligados a replegarse dejando tras de si a compañeros muertos y heridos. Cuando el ataque si tenía "exito" (si puede llamarse éxito a dejar a miles de compañeros por el camino) empezaba en las trincheras una lucha cuerpo a cuerpo en la que algunas de las armas que hemos visto antes tenían gran protagonismo. En la estrechez de las trincheras los fusiles de asalto con que estaban equipados la mayoría de los soldados (las pistolas se solían dar solo a oficiales) eran menos útiles así como los asaltos a bayoneta. Aún suponiendo que se hubiese podido tomar la trinchera tras esta batalla campal tan brutal, de nuevo, a menudo, tenían que dejarla poco después porque el enemigo se había replegado a la siguiente trinchera, detrás de la anterior, y estaba procediendo a bombardear sus posiciones anteriores. De este modo solían darse casos en los que por conquistar apenas unos pocos kilómetros de terreno morían decenas de miles de hombres en un sólo día, para tener que ceder de nuevo la posición ganada al enemigo.
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Sáb 02 Feb 2013, 22:21

Jamiroth escribió:Interesante articulo. En general se dice que la primera guerra mundial fue peleada con tácticas del siglo 19.
Aunque la verdad, toda guerra es muy fea.

Una muestra del horror de esta guerra son los diarios y las cartas que los soldados enviaban desde el frente a sus familias y a sus seres queridos:

Noviembre de 1914, frente occidental
Querido amigo,
Esta guerra es horrible. Y ahora que han empezada a usar granadas y bombas es peor que antes. Algunas de las líneas están llenas de agua y fango. Hace frío y humedad. Estoy seguro de que a ninguno de los diez millones de soldados que luchan en ella les parecería mal que se firmara la paz mañana mismo

Capitán J.A. Liddel

Diario de guerra Sargento A.Lovell, 2 de enero de 1915,
Los malditos piojos te chupaban la sangre. Dabas la vuelta a la chaqueta para sacártelos de encima y al día siguiente volvía a estar lleno de piojos, porque los huevos que ponían se abrían durante la noche. No valía la pena perder el tiempo.


6 de julio de 1916
El joven Victor a muerto. Su dilema de si debía casarse con una chica que es mayor que él se ya está resuelto.
Ahora somos 400 y está mañana éramos casi 800

Kenneth Macardle


14 de agosto de 1917
Los que siguen en la línea del frente no escuchan más que el sonido de los proyectiles, los gemidos de los camaradas heridos, los relinchos de los caballos moribundos, el latido salvaje de sus propio corazón... y así hora tras hora, noche tras noche. Incluso durante los cortos descansos, sus cerebros siguen atrapados por los recuerdos de tanto sufrimiento... El campo de batalla no es más que un vasto cementerio.
Soldado Gerhard Gürtler

Otoño de 1917
En toda la región no se habla de otra cosa que de motines, de tropas que se niegan a reemplazar a sus camaradas, y éstos tienen que pasar tres o cuatros días más allí.
Capitán Henri Desagueraux


Oklahoma 15 de julio de 1918
Mi querido Morres, supongo que no sabrás que tu misiva enviada el 8 de junio para mi cumpleaños llegó el 8 de julio. No vuelvas a escribir por las dos caras de la hoja porque la carta estaba toda cortada.
Sabes que ellos, al recortar las partes que no quieren que yo conozca se llevan también la que hay detrás...Robert está aún en la escuela de verano...lee todos los diarios y revistas sobre la guerra...no puede entender por qué recortan los nombres propios de las cartas postales...
con mis mejores deseos.

Tia Pete

1918
Vi que el alemán venía hacia mi y pensé: no puedo matarle... Me acordé del quinto mandamiento, no matarás, y no pude matarle. Tenía cinco segundos para decidirme, le disparé por encima del pie... le tumbé pero no le maté.
Soldado de infantería Harry Pateh

Invierno 1918
Habíamos perdido la antena. Volví a las trincheras de apoyo para recuperarla y tuve que llegar allí pisando a los muertos.
Ese día sólo me comuniqué con ellos. Les decía: lo siento chicos. Muchas veces me pregunto sí los sacrificios que hicimos valieron la pena. Aún hay guerras y aún se habla de guerras. Sí, creo que sí que valió la pena. Porque Europa y la mayor parte del mundo son conscientes de la inutilidad de la guerra.

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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Invitado el Dom 03 Feb 2013, 15:41

Escalofriante...
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Jamiroth el Mar 05 Feb 2013, 02:23

Lo peor de todo es que en todas las guerras las decide uno o unos pocos (presidente, estado mayor, comandante, etc) y ordena el ataque. Los soldados atacan tan solo porque se lo ordenan.
Y del otro bando también.

Y así. Mientras los soldados se matan, el estado mayor sigue disfrutando de sus beneficios.
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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Jue 07 Feb 2013, 23:35

Jamiroth escribió:Lo peor de todo es que en todas las guerras las decide uno o unos pocos (presidente, estado mayor, comandante, etc) y ordena el ataque. Los soldados atacan tan solo porque se lo ordenan.
Y del otro bando también.

Y así. Mientras los soldados se matan, el estado mayor sigue disfrutando de sus beneficios.

Precisamente el mejor exponente de eso que dices fue, además en esa guerra, casualidad, lo que se ha dado en llamar "La tregua de navidad de 1914" un episodio que ocurrió de forma espontanea, censurado a toda prisa por los gobiernos y que hoy día sigue siendo poco conocido.

La tregua de Navidad de 1914



Como estamos en fiestas, creo que es interesante recordar aquí lo sucedido en la Navidad de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, en la que ocurriría un hecho sin precedentes en la historia militar.

Aquella Nochebuena en el frente occidental, las tropas alemanas, siguiendo la tradición de su país, comenzaron a lo largo de todo el frente a entonar canciones, a la vez que colocaban árboles decorados con luces sobre los parapetos. Estos pequeños abetos habían sido enviados a miles por orden expresa del káiser para que sus soldados pudieran celebrar la Navidad, además de raciones extra de pan, salchichas y licores.

Los soldados franceses y británicos no podían creer lo que veían: ¡árboles de Navidad iluminados en las trincheras enemigas! La cantidad de abetos fue tal, que en varios puntos del frente había un árbol cada cinco metros. Esa poética visión ayudó a crear un clima irreal, en el que los soldados aliados no tardaron en convertirse en protagonistas, uniéndose a los cánticos de los alemanes o incluso realizando peticiones de piezas concretas.

Al despuntar el alba, algunos soldados alemanes comenzaron a agitar banderas blancas y a salir desarmados de sus trincheras, dirigiéndose con paso dubitativo a la tierra de nadie. En un primer momento, los aliados dudaban si acudir a su encuentro, pero pronto comprobaban que la maniobra de acercamiento era sincera. Los hombres que hasta ese mismo día habían estado matándose estaban ahora a medio camino de sus posiciones, compartiendo tabaco, alcohol o chocolate, mostrándose las fotografías de sus esposas e hijos o intercambiándose recuerdos.

Los gestos de confraternización continuaron durante todo el día. En ese singular día de Navidad, cada bando pudo recoger a sus compatriotas muertos en los combates de los días anteriores y darles sepultura. En algunos lugares se celebraron ceremonias religiosas conjuntas e incluso se improvisaron disputados partidos de fútbol.
A lo largo de toda la jornada de Navidad no hubo prácticamente intercambio de disparos en todo el frente. Tan sólo la Legión Extranjera, en Alsacia, no respetó esta tregua tácita y lanzó un ataque contra las líneas alemanas.

Las noticias que relataban estos inesperados episodios de amistad en el frente llegaron a los cuarteles generales, causando sorpresa y estupor. De inmediato se impartieron órdenes a los oficiales para que entregasen un informe detallado de lo ocurrido e impidieran que volviera a ocurrir, tomando represalias contra los que habían mostrado una actitud más condescendiente con el enemigo. Las unidades de uno y otro bando menos dispuestas a proseguir la lucha fueron desmembradas y distribuidas en otros sectores. Un número indeterminado de soldados franceses fue pasado por las armas como escarmiento. Los alemanes poco combativos serían enviados al frente oriental.

Las cartas en las que los soldados relataban a sus familias los pormenores de esa insólita celebración navideña fueron censuradas. Los franceses pusieron un especial empeño en confiscar los negativos de las instántáneas que algunos soldados habían tomado durante la tregua, en donde podían verse a los hombres de uno y otro bando posando amistosamente ante la mirada del fotógrafo improvisado. Una de estas imágenes no pudo ser interceptada por la censura y acabó siendo publicada a toda página en la portada de un diario londinense, el Daily Mirror, pero las informaciones relativas a este episodio desaparecieron rápidamente de los periódicos por indicación de los gobiernos. Poco a poco, la vida en el frente retomó la dinámica anterior y la tregua navideña pasó a ser un recuerdo agradable diluido en la realidad de una guerra despiadada.

Si os interesa el tema de la tregua navideña de 1914, podéis ver la película francesa Feliz Navidad (Joyeux Noël), dirigida por Christian Carion en 2005. En la foto podéis ver a un soldado escocés, otro francés y a otro alemán departiendo amigablemente sentados sobre la nieve. La peli en sí no es muy buena; los actores no acaban de funcionar y hay una historia de amor metida con calzador, pero aún así sirve para hacerse una idea de cómo fue aquella insólita tregua.

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"Noche de Paz" La Canción que detuvo una guerra.


En la historia militar se produjo un hecho sin precedentes en las navidades de 1914, durante la Primera Guerra Mundial.

Estos hechos, convertidos en la actualidad en un mito, apoyan la creencia de que hasta en la guerra se puede sacar lo mejor de los seres humanos.

Aquellas navidades, como seguramente habían hecho todos los soldados a lo largo de sus vidas, iban las tropas alemananas a lo largo de todo el frente entonando canciones típicas navideñas y también comenzaron a colocar sobre el borde de los parapetos árboles con luces.

Por orden del Kaiser, los soldados habían recibido miles de árboles, salchichas, raciones extras de pan e incluso licores.
Al otro lado se encontraban los soldados británicos y franceses, que no podían creer lo que estaban viendo, aquellos árboles de Navidad iluminados en las trincheras enemigas.

Eran tantos árboles, que en muchos puntos del frente se veía uno cada cinco metros.

Aquellas imágenes crearon un clima irreal, los soldados aliados se fueron acercando a los alemanes acompañándolos en sus cánticos y pidiendo y cantando otras piezas.

Después de esto, muchos soldados alemanes comenzaron a agitar banderas blancas y salir de sus trincheras.
En un principio, los aliados no creían que fuera posible ese encuentro, pero muy pronto se dieron cuenta de que aquel acercamiento de los alemanes no tenía ningún doble sentido, eran sinceros y ese "espíritu de la Navidad" se había apoderado de ellos.
Aunque días antes se mataran entre ellos, ahora se encontraban unidos compartiendo lo poco que tenían, como chocolate, alcohol o tabaco y sobre todo, acompañándose unos a otros en el dolor de tener a sus familiares lejos, mostrándose unos a otros las fotografías de sus esposas e hijos.

Aquella confraternización duraría todo el día. Aquel día de navidad, cada bando pudo recoger a sus compatriotas muertos en los combates de días anteriores para darles sepultura, incluso se celebraron ceremonias religiosas conjuntas.
Fue tal la unión, que improvisaron partidos de fútbol entre los bandos.
Bertie Felstead, fallecido en 2001 con 106 años, pudo dar uno de los testimonios más ilustrativos de lo que aquel día ocurrió. Era el hombre más longevo de Gran Bretaña.

Este anciano recordaba que al atardecer del día de Nochebuena escucharon los acordes de unos villancicos que procedían de las trincheras enemigas, que se encontraban a escasos metros. Aquellos cánticos le transmitieron un sentimiento de esperanza y sobre todo de paz, pero no se producía comunicación entre las tropas.
Por la mañana, vio a los alemanes salir de sus trincheras y caminar hacia las líneas inglesas.

Él y sus compañeros hicieron lo mismo y salieron a campo abierto para poder abrazar a sus enemigos, intercambiando cigarrillos y compartiendo muchas cosas, aunque sabían que eso duraría muy poco tiempo.

"Sabíamos perfectamente que aquella situación era irreal, ya que les estábamos felicitando las fiestas ¡a las mismas personas a las que íbamos a intentar matar al día siguiente!".
Entonces se les ocurrió jugar un partido de fútbol:

"Fabricaron algo parecido a una pelota y comenzamos a jugar, aunque la verdad es que no se puede hablar de partido porque de cada lado había por lo menos cincuenta soldados y nadie se encargó de contar los goles...".

Frank Richards fué otro testigo de éste truce no oficial. En su diario de la guerra escribió: "Levantamos un pizarrón con 'Feliz Navidad' escrito. El enemigo también levantó uno igual. Dos de nuestros hombres arrojaron su equipo a el suelo y saltaron para afuera de su parapeto con las manos sobre sus cabezas al mismo tiempo que dos de los alemanas hacían lo mismo; los dos nuestros caminaron para encontrarse con ellos." "Se dieron las manos y entonces todos nosotros salimos de las trincheras y así mísmo también hicieron los alemanes." Richards escribió en su relato.

Richards también explicó que algunos soldados alemanes hablaban inglés perfectamente bien, uno de ellos diciendo cuan harto estába de la guerra y que estaría muy alegre cuando todo terminase. Sus contrapartes británicos estában de acuerdo.

Esa noche, soldados que hasta ese momento eran enemigos se sentaron juntos alrededor del calor del fuego. Intercambiaron pequeños regalos de sus pobres pertenencias -barras de chocolate, botones, insignias y pequeñas latas de carne de res. Hombres que hasta solamente una horas antes se disparaban a matar estában ahora compartiendo las festividades de Navidad y mostrandose los unos a los otros fotografías de sus familias.

Aquel fue un hecho realmente sorprendente y queda perfectamente reflejado en las líneas que escribió un fusilero de 17 años llamado Walkinton: "Todo ocurrió espontáneamente, en forma muy misteriosa. Un espíritu más fuerte que el de la guerra prevaleció aquella noche".

Cuando los altos mandos militares se enteraron de lo que realmente había sucedido, dispusieron serias medidas para evitar que se siguiera propagando esa epidemia de fraternidad. La publicidad de guerra de ambos bandos había pintado al enemigo como un conjunto de monstruos capaces de las peores atrocidades. Si seguían dándose la mano los unos con los otros, iban a comprobar que eran buenas personas y eso resultaba peligroso para los grandes poderes que provocaron y que mantenían el conflicto.

¿Pudo la tregua de 1914 haber puesto fin a la Primera Guerra Mundial?

Un sobreviviente, Albert Moren, cree que sí. “Si la tregua se hubiera prolongado otra semana”, asegura, “habría sido muy difícil reiniciar la guerra”. En este caso se habrían salvado casi nueve millones de hombres que morirían antes del Armisticio.

La tregua navideña de 1914 continuó en algunos sectores del frente hasta el Año Nuevo, y aún después. “tuvimos que dejar que durara todo ese tiempo”, explicó un alemán, en una carta enviada a su casa. “Queríamos ver cómo salían las fotos que ellos nos tomaron”.




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Y aquí foto de un periódico inglés en el que se puede ver a soldado alemanes mezclados con franceses y británicos

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Aleksander Vladimirov

(O Telúreo/Telúrico) Personas cuya esencia es básicamente humana y terrícola o no identificados con la temática de la metahumanidad

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vacio Re: primera Guerra Mundial: armas antiguas en la primera guerra "moderna"

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