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Los monos también saben usar dinero

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vacio Los monos también saben usar dinero

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Vie 08 Feb 2013, 14:30

Otra Forma de entender la Crisis: los Monos de Wall Street

La culpa de que estemos atravesando la actual crisis económica es de los monos. Bien, en realidad es por culpa de los seres humanos. Pero, en ese sentido, seres humanos y monos apenas se diferencian, y ni siquiera hace falta recurrir a películas como El planeta de los simios.

Basta con estudiar un puñado de capuchinos, y descubriremos los mismos resortes psicológicos que actúan en los banqueros, los brokers, los especuladores y demás parentela.

Keith Chen, profesor de economía en Yale, inició un programa de investigación inspirado una afirmación de Adam Smith (el fundador de la economía clásica): “Nadie ha visto a un perro hacer un intercambio justo y deliberado de un hueso por otro con otro perro.”

Chen quería probar si esto era cierto con animales más parecidos a nosotros, los capuchinos, un mono del tamaño de un niño de 1 año cuya vida está muy centrada en la comida y el sexo. Chen quiso enseñar a un grupo de capuchinos a usar el dinero, y ver qué pasaba.

Instalados en el laboratorio de la psicóloga Laurie Santos, en el Hospital de Yale-New Heaven, cogieron a un grupo de capuchinos aleatorios, los bautizaron con nombres derivados de las películas de James Bond y se les introdujo, como moneda, un disco plateado de 2,5 centímetros de diámetro con un agujero en el centro.

Para enseñar a los capuchinos que esos discos tenían valor, que no eran objetos inútiles, cada vez que le daban una moneda a un capuchino, a continuación le mostraban una golosina. Cuando el mono devolvía la moneda a los investigadores, entonces le daban la golosina.

Tras varios meses reforzando esta relación, los monos aprendieron que, con las monedas, se podían adquirir golosinas.

Resultó que los monos individuales tenían fuertes preferencias por diferentes golosinas. A un capuchino le daban doce monedas en una bandeja (su presupuesto limitado) y después un investigador le ofrecía, por ejemplo, cubitos de Jell-O y otro le ofrecía rodajas de manzana. El mono entregaba sus monedas al investigador que le presentara su comida favorita, y el investigador le daba la mercancía.

Chen fue introduciendo cambios de precios y cambios de ingresos en la economía de los capuchinos. Por ejemplo, si con una moneda podían comprar tres cubitos Jell-O, entonces sólo empezaron a darles 2 cubitos. ¿Cuál fue la reacción de los capuchinos a este encarecimiento de los alimentos?

Pues pasó lo que pasa en cualquier economía humana: los monos compraban menos y ahorran más. Pero si el precio bajaba, entonces volvían a comprar más.

Pero Chen quiso ir más allá y comprobar si, estadísticamente, los monos se comportaban igual que la mayoría de los inversores en Bolsa, conduciéndose por intuiciones o comportamientos irracionales equiparables.

Los investigadores introdujeron un juego que se basaba en tirar una moneda y, según cómo cayera, el investigador le entregaba una uva que le había enseñado previamente o le entregaba un premio de una uva extra.

El otro juego consistía en enseñar previamente dos uvas, y si el tiro de la moneda no era favorable, entonces el investigador retiraba una uva y sólo entregaba una uva al mono.

En ambos casos, los capuchinos recibían el mismo número de uvas, por término medio. Pero el primer juego se presentaba como una potencia ganancia, mientras que el segundo se presentaba como una posible pérdida. De manera asombrosa, la reacción de los capuchinos fue muy humana:

En cuanto los monos se dieron cuenta de que el investigador de las dos uvas se quedaba a veces la segunda uva, y que el investigador de una sola uva a veces añadía otra, los monos prefirieron claramente al investigador de una sola uva. A un mono racional no le hubiera importado, pero estos monos irracionales padecían lo que los psicólogos llaman “aversión a la pérdida”. Se comportaban como si el sufrimiento de perder una uva fuera mayor que el placer de ganar una.

Es decir, como muchos de los seres humanos que trabajan en Wall Street.

Pero todo esto sólo fue la punta del iceberg. Después de introducir el capitalismo en el mundo de aquellos capuchinos, los investigadores empezaron a advertir comportamientos muy extraños. Tan extraños que las autoridades que supervisaban el laboratorio empezaron a temer que el experimento podría dañar la estructura social de aquellos capuchinos.

Uno de los monos, en vez de coger las 12 monedas de la bandeja para comprar comida con ellas, las lanzó todas a la jaula común y salió corriendo de la cámara de pruebas, detrás de las monedas. Como una especie de atraco a un banco seguido de una fuga de prisión.

Cuando los investigadores trataron de recuperar las monedas, los monos se negaron a entregarlas.Sólo lo hicieron tras sobornarles con golosinas.

Más tarde, en un rincón de la jaula, los investigadores observaron otro fenómeno originado por el uso de vil metal por parte de los monos. En apariencia, parecía un caso de altruismo, porque uno de los monos, en vez de entregar su moneda a los humanos para obtener golosinas, se acercó a una mona y le dio la moneda a ella.

¿Qué bonita imagen, verdad?

Sí, hasta que justo un momento después, los dos capuchinos se entregaron al sexo febril. ¿El mono había pagado por sexo a la mona? ¿Era un caso de prostitución simiesca? ¿O tal vez la mona se había excitado al descubrir que el mono tenía dinero?

Y después, sólo para demostrar lo bien que los monos habían asimilado el concepto de dinero, en cuanto terminó el sexo (duró sólo unos ocho segundos; son monos, después de todo), la capuchina que había recibido la moneda se apresuró a llevársela a Chen para comprar unas uvas.


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Aleksander Vladimirov

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