Reencarnación: La ley de la vida

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Mensaje por Aleksander Vladimirov el Lun 02 Sep 2013, 21:31

Reencarnación: La ley de la vida

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La reencarnación, renacimiento, transmigración de las almas es una enseñanza compartida por gran parte de las religiones actuales y fue un fundamento esencial entre los conocimientos de las escuelas iniciáticas de la antigüedad. Básicamente se trata de un ciclo en el que nacemos, vivimos, morimos y renacemos de manera continúa.

Usualmente es una creencia que se relaciona con el hinduismo y el budismo, en el que se conoce el ciclo como Samsara, el eterno retorno, un lastimoso vaivén al que estamos todos destinados, pero que puede romperse alcanzando la Iluminación espiritual. En el Bhagavad Gita, Krishna al aconsejar a Arjuna le dice que la muerte es una ilusión, que ésta realmente no existe y habla de varios estadios del hombre y los pesos y culpas que pagará (en la siguiente vida) según su condición.

En el hinduismo se enseña que todos los seres vivos poseen un alma inmortal que va evolucionando y se transforma según las culpas y actos malvados que haya cometido en contraste con las buenas acciones y devociones, todo ello constituye el Karma de una persona. En esta enseñanza sí existen cielos e infiernos, el alma no pasa instantáneamente a otro cuerpo, sino que pasa por estadíos en castigos y sufrimientos o gracia y gloria temporales, según las acciones que haya cometido en el mundo material .

Sin embargo, si no se pagan todas las culpas, al renacer tendremos que pagarlas en vida. De ahí el dicho de que "pagaremos en esta vida o en la otra". Cabe mencionar que tales estadíos espirituales pueden ser de mucho tiempo, pero el tiempo en el mundo espiritual no es igual al tiempo terrenal, por lo que podría parecernos que instántaneamente alguien reencarnó en otra persona cuando en realidad pasó siglos en un cielo o infierno determinado.

El orden para entrar a los diversos paraísos no sólo se aprecia por las buenas acciones que hayamos hecho sino también por las manifestaciones divinas a las que hayamos adorado en nuestra vida material. Esto significa que prácticamente, cada quién obtiene lo que quiere, que quienes hayan apreciado a un dios personal irán al cielo de ese dios; de igual forma, si la idea de cielo de alguien es un lugar de goces y placer, dicha persona llegará a ese cielo, obviamente todo ello si fue una buena persona en su vida terrena. Ya lo decía Krishna "Los que oren a los elemenales irán a los elementales, los que adoren a los Rishis irán donde los Rishis, los que adoren a los dioses irán a los dioses, pero los que me amen a mí, el Inmanifestado, irán a mí y saldrán del eterno ciclo".

El budismo no concibe un alma individual personal, sino un flujo de energía que pasa de un cuerpo a otro, independiente del cuerpo y personalidad de cada vida, pero bajo la regulación universal del Karma. El alma puede atravesar por 6 diversos estadíos dependiendo sus buenas y malas acciones al renacer como: deva (dios), asura (espíritu elevado -en concepción judeo-cristiana un equivalente de los ángeles o santos), humano, preta (espíritu famélico), animal, ó demonio.

Para los budistas, lo más importante en esta vida es trascender hasta llegar a la Iluminación para dejar el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento; por lo que ir elevándose en la cadena de reencarnaciones es algo positivo, pero la finalidad no es convertirse en un dios, sino alcanzar el Nirvana.

Para ello, mencionan que todos los seres pueden alcanzarlo si se esfuerzan y se dedican a lograrlo, aunque existen ciertos impedimentos en cada situación: Los dioses difícilmente alcanzan la Iluminación ya que viven en la gloria, y en ese estado es díficil desapegarse de las cosas, en tanto que los demonios siempre están tan atormentados que sería muy improbable que alguno alcanzase el Nirvana; los animales están muy preocupados por su supervivencia y sus instintos, mientras los asuras ven por su santidad y están muy ocupados asistiendo a las demás criaturas, y los espíritus famélicos cegados en sus propios asuntos. Es por eso que la situación ideal de trascendencia es la humana, ya que estamos en el medio de las situaciones de gloria y pena, instintos y razón, maldad y bondad.

Otras religiones como el judaísmo, cristianismo e islam también comparten (o en algunos casos compartían) la aceptación por esta creencia. Entre gran parte de las personas pertenecientes al judaísmo se acepta y se comparte la enseñanza de la reencarnación, sobre todo entre los seguidores de la Kabbalah, como un proceso de evolución espiritual en que el hombre va perfeccionándose. De hecho, junto con la doctrina de la transmigración de las almas se crea otra lectura de la ley del Talión. El tan famoso "ojo por ojo, diente por diente" no se refiere en manera alguna a que tenemos derecho de venganza por algún daño cometido hacia nosotros o nuestra familia, sino que es una referencia a la ley del karma: todo lo que hagas se te regresará, ojo por ojo, diente por diente.

En el islam, la reencarnación es aceptada por diversos grupos, tanto sunnitas como chiítas y entre varios sufís. Aunque en el cristianismo ha sido una enseñanza generalmente negada y refutada, ésta fue aceptada por grupos cristianos primitivos como los gnósticos, y posteriores como los cátaros o albigenses, que veían al cuerpo como una dualidad entre materia y espíritu de la cual debían librarse alcanzando la espiritualidad plena por medio de la gnosis, de lo contrario, continuarían girando en el continuo ciclo de existencias.

El Nuevo Testamento posee varias referencias que si bien, no reafirman esta creencia, no la refutan. Ejemplo de ello es cuando Jesús y sus discípulos al predicar, ven a un hombre ciego, y uno de ellos pregunta: Maestro, ¿qué ha hecho este hombre para nacer ciego? De igual forma, se menciona que Herodes, algunos sacerdotes y la gente en general, pensaba que Jesús era Elías o Juan el Bautista, esto necesariamente hace pensar en una reencarnación previa y hay que remarcar el hecho de que Jesús jamás negó o corrigió a sus discípulos con respecto a este tema sino que lo aceptaba en silencio.

Los griegos aceptaban que después de morir, el difunto viajaba hasta el Hades, donde después de ser juzgado pasaría a alguna región del inframundo, ya fuera el Tártaro si fue un alma malvada que mereciera castigo; a los campos Asfodelos si fue una persona que no merecía sufrimiento ni gloria; las Islas de los bienaventurados donde iban los héroes, y los Campos Elíseos donde iban las almas virtuosas y los iniciados en los Misterios. Los muertos podían renacer en el mundo terreno por otras oportunidades, y si regresaban tres veces a los Campos Elíseos o Islas de la Bienaventuranza, perdurarían ahí por la Eternidad.
[url][/url]En Egipto, la reencarnación también era algo necesario para purificar el alma. En el viaje descrito en el Libro de los Muertos, después de que el alma del difunto sobrepase todas las tenebrosas y peligrosas pruebas, llegaría a la sala de la diosa Maat, la justicia; dónde Thot leería en su tabla las buenas y malas acciones que hizo en vida, en tanto Anubis pesaría el corazón en contrapeso con la pluma de la diosa, con la cual debía estar en balance. El corazón es la esencia misma del alma que debe alcanzar su plenitud espiritual, trás lo cual, debe pesar lo mismo que la pluma, en ese caso, el difunto se uniría para siempre con Amón Ra en su viaje eterno; de lo contrario, volvería a nacer hasta que su corazón fuera lo suficientemente puro y libre de apegos para pasar.

La enseñanza de los iniciados nos dice que los procesos del alma durante el ciclo de transmigración tiene relación directa con los planetas. La vibración más poderosa es la del Sol y la menor es la de la Luna, sitúandose en medio los demás planetas contemplados en la astrología: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno.

En una primer instancia, el alma era parte del Inmanifestado, del Espíritu Puro, pero para lograr su perfeccionamiento y realizar el ciclo cósmico, era necesario que fuera encarnando en el mundo material y después de aprender lo necesario volviera a obtener su trascendencia inicial. Es prácticamente un círculo, en el que ascendemos para después descender y descendemos para ascender.

Para ello, gradualmente pasamos, en un proceso de millones de años, por el astro de mayor vibración que es el Sol, hasta llegar a la Luna y finalmente a la Tierra. Estos viajes son sólo en alma y no en cuerpo físico, mientras más va descendiendo, la conciencia material va aumentando mientras la espiritual va perdiendo fuerza, hasta que llegan a un equilibrio y empezamos de cero. Después sólo queda volver a ir escalando en el ciclo, pasando por la Luna hasta llegar al Sol y finalmente volvernos completamente trascendentes.

Este proceso de transfiguración explica la evolución planteada por Darwin. A toda evolución espiritual corresponde una material, de manera que pasamos por estadíos físicos primeramente como elementos inertes y aparentemente sin vida para pasar a convertirnos en seres vivos unicelulares, después pluricelulares y consecutivamente en moluscos, peces, anfibios, réptiles, aves y mamíferos, hasta llegar a ser humanos, donde nuestra labor de trascender es más sencilla. Todo este proceso nos tomó varios miles de millones de años terrestres, un parpadeo en el reino trascendente.

En las condiciones cómo elementos, vegetales o animales, mientras menos conciencia en el mundo terreno aparentemente tenemos, mayor conciencia espiritual, esto es claramente perceptible en tanto que los elementos están en concordancia con la naturaleza, con las leyes universales de la divinidad, actuando siempre de manera equilibrada; las plantas solamente se preocupan por sobrevivir sin dañar; los animales sólo atacan para comer o defenderse, sin ningún propósito malévolo o ambición; sin embargo la evolución nos lleva a llegar al cero, al equilibrio, a ser humanos.

El ser humano es el centro del ciclo, tanto la cúspide como el fondo del proceso. En él lleva imbuidas las capacidades del instinto, las emociones, la inteligencia, la razón y la virtud; y es su deber llegar al equilibrio para trascender poco a poco al Atman. Como se mencionó anteriormente, evolucionamos según nuestra actitud y acciones, pero también podemos retroceder o estacionarnos en el ciclo si actuamos de manera errónea y desequilibrada.

Durante la reencarnación podemos dar grandes pasos o saltos hacía adelante, aunque son raros. y aún más extraños son los grandes retrocesos. Los primeros ocurren por experiencias repentinas que despiertan la conciencia espiritual y de repente, nuestro mundo entero ha cambiado. Los segundos ocurren cuando actuamos de manera deliberada contra lo que se supone es nuestra naturaleza espiritual. Estos grandes saltos pueden ocurrir en todos los niveles: elementos, vegetales o animales (donde se encuentra el ser humano).

Cabe mencionar que las llamadas "almas viejas" no son siempre ni las más sabias ni las más avanzadas o elevadas espiritualmente, sólo es una manera de expresar la estancia del alma de una persona en cuestión de tiempo y vidas. Un ejemplo burdo, un alma pude encarnar 30 veces y ser más evolucionada que una que ha encarnado 100. La cantidad de encarnaciones no tiene que ver con la calidad espiritual.

Para todo el ciclo, la ley de reacción (también llamada karma) siempre está presente y se conjuga con otra norma que es: "mientras más avances, más sinuoso y pesado será el camino". Como dicen: "Son pocos los que viajan por la estrecha y empedrada vereda del bien cuando todos transitan por la ancha autopista del mal".

Esta regla se observa en los grandes santos, profetas y avatares, quiénes se ven una y otra vez luchando contra la tentación y el mal. Jesús y Siddhartha vieron cara a cara al demonio, quien ponía cada vez más obstáculos en su camino, pero al final prevalecieron. Job por su gran bondad y justicia fue probado por Satán quién le arrebató todo lo que poseía, bienes y familia, pero el se mantuvo fiel y venció al mal. Esta ley prácticamente nos dice: A los hombres más buenos les pasan las peores cosas, pero todo lleva un propósito más trascendente.

Un tópico muy recurrente es la inferencia que nuestras vidas pasadas pueden tener en la presente. Además de traernos las recompensas y castigos por acciones pasadas, nuestras vidas anteriores tienen cierta influencia presente. En ocasiones tal vez actuemos de manera demasiado diferente a como actuamos normalmente, reaccionamos diferente ante situaciones que usualmente confrontaríamos de determinada forma o tal vez de repente nos nacen las ganas de hacer algo que es ajeno a nosotros. Puede ser que estas situaciones se deban a alguna vida pasada.

El alma tiene proporciones inimaginables, y podría decirse que cada vida que pasamos se queda archivada en el alma, a cada una de éstas se le llama personalidad. A través de nuestras diferentes vidas hemos tenido diferentes personalidades. Tal vez anteriormente teníamos afición por la jardinería y resulta que un día, de la nada, nos dan ganas de salir a podar el césped, regar las plantas y hacer labor en el jardín.

Algunas otras situaciones que pueden pasar de una vida a otra son algunos gustos y miedos. En muchas ocasiones los miedos se traspasan de una vida a otra. Puede ser que alguien tema al agua sin motivo ni razón lógica, pero resulta que en una vida pasada murió ahogada o tuvo una experiencia demasiado traumática y lo suficientemente fuerte como para que trascendiera.

Aunque las cosas traumáticas y negativas no son lo único que trasciende vidas, los lazos afectivos que mantenemos también sobrepasan a la muerte. Generalmente nacemos dentro de un círculo determinado de amigos y familiares que se seguirá manteniendo a lo largo de nuestras encarnaciones, aunque obviamente cambiaremos roles y personalidades a través de nuestras vidas.

Esto explica lo que muchas veces sucede con gente que jamás habíamos visto pero que de alguna manera se nos hace conocida, después platicamos con ellos y encontramos lazos bastante familiares y después se hacen nuestros mejores amigos; aún cuando no tengamos nada en común con esas personas existe algo instintivo que nos hace sentir muy a gusto.

Finalmente, la reencarnación es una cuestión que no debe alejarnos de nuestra vida actual y de nuestras ocupaciones. Tampoco es una excusa para hacer lo que queramos en esta vida sin preocuparnos, ya que siempre debemos esforzarnos por dar lo mejor de nosotros y de hacer lo correcto siempre, no por recibir castigos o recompensas, sino por nosotros mismos.

Es un proceso que es importante conocer para tener consciencia de quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, por medio del cual, poco a poco iremos avanzando hacía nuestro Padre y Madre Universal. La vida es una escuela que no termina con la muerte. Somos seres luminosos, no burda materia, sólo hace falta que nos demos cuenta de ello, que adquiramos el conocimiento y lo creamos; sólo así regresaremos a lo que fuimos alguna vez: El Gran Espíritu.
Fuente: http://historiasdediosesdemoniosyheroes.blogspot.com.es/2009/08/reencarnacion-la-ley-de-la-vida.html
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Aleksander Vladimirov

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