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Personajes "oscuros" de la historia

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vacio Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Lun 02 Sep 2013, 22:45

Me gustaría empezar un nuevo post que con el tiempo iré ampliando y en el que la gente también pueda participar con sus aportaciones: personajes oscuros de la historia. Aquí se expondrán breves biografías de todos aquellos personajes históricos sobre los cuales hay una leyenda "negra" (muertes, asesinatos, mitos, etc) y misterio.

Nuestro primer personaje: Erzebeth (Elizabeth) Bathory , "La condesa sangrienta"

La condesa sangrienta, Elizabeth Báthory (1560-1614)


En las oscuras tierras de Transilvania, los cuentos y leyendas de terror acerca de vampiros y hombres lobo se entrecruzan con la horrible existencia real de hombres y mujeres que pasaron a formar parte de la triste historia de los asesinos en serie. Una de ellas, una condesa de alta cuna, conocida con el sobrenombre de “la condesa sangrienta”, ostenta un terrible récord de asesinatos, más de 650, en una macabra búsqueda de la belleza. No en vano, se la considera la peor depredadora que haya tenido la historia del crimen1.



Aristocracia, educación y esoterismo

Erzsébet o Elizabeth Báthory nació en Nyírbátor, Hungría, el 7 a agosto de 1560 en el seno de una de las familias aristocráticas más importantes de Transilvania. Su tío Esteban I Báthory, príncipe de Transilvania, se convirtió en rey de Polonia a finales del siglo XVI.



Elizabeth recibió una amplia y exquisita educación aunque también estuvo en contacto desde su más tierna infancia con la alquimia y el esoterismo, prácticas ampliamente practicadas por algunos miembros de su dinastía.



Esposa del Héroe Negro, amante del Vampiro

En 1575, cuando Elizabeth era una joven de 15 años de edad, se casó con el conde Ferecz Nádasdy, de 20. La pareja se trasladó a vivir al solitario castillo de Csejthe donde Elizabeth quedó prácticamente recluida. Ferecz era un soldado que pasaba largas temporadas en las constantes guerras que asolaban el país. Sus prácticas crueles con sus enemigos le valieron el apodo de “El héroe negro”.




La existencia de la condesa se hizo tediosa y solitaria. Sin poder salir de su castillo por orden expresa de su marido, Elizabeth empezó a intentar escaparse por diversión, hecho que consiguió en varias ocasiones en las que vivió alguna que otra aventura, entre ellas, una fugaz con un excéntrico joven conocido como “el vampiro” por su extraño aspecto y vestimentas2.



Tras los muros de su castillo, la condesa se rodeó de extraños sirvientes con los que practicó experimentos brujeriles y relacionados con la alquimia. Entre ellos, una bruja llamada Dorkó y su antigua nodriza, Jó Ilona, quien empezó a aconsejar a su señora el uso de la sangre para evitar los efectos del paso del tiempo. En aquel tiempo, Elizabeth ya empezó a martirizar a sus sirvientas con los más retorcidos métodos como cubrirlas de miel y dejarlas en medio de un jardín para deleite de los insectos o dejarlas en el frío invierno fuera mientras las congelaba con gélidos cubos de agua hasta convertirlas en auténticas estatuas de hielo. En sus castillos transilvanos de Csejthe y Varannó, la Báthory tuvo todo el tiempo y la soledad del mundo para desarrollar sus aficiones hasta un grado de sofisticación sádica escalofriante3.



Pasaron más de 10 años de matrimonio hasta que la condesa se convirtió en madre por primera vez de una niña llamada Anna. Tras ella vendrían Úrsula, Catalina y Pablo. A pesar de que la maternidad la alejó de sus extrañas actividades, una obsesión rondaba su cabeza desde hacía tiempo. El inefable paso del tiempo, el envejecimiento de su cuerpo, empezaban a preocupar a Elizabeth de un modo que terminaría convirtiéndose en enfermizo.



El baño de sangre

La muerte de su esposo el 4 de enero de 1604 radicalizó las actuaciones crueles de la condesa. Viuda, se dio al vicio de enamorarse de sí misma4.



La locura y sadismo de Elizabeth se desencadenó cuando una de sus desdichadas sirvientas le dio un desafortunado tirón de pelos mientras la peinaba. La bofetada que le propinó su señora le provocó una herida. La sangre le salpicó a Elizabeth en la mano quien fue pronto presa de la excitación al creer que la zona de la piel manchada se hizo más tersa y blanca. A la mente de Elizabeth volvieron las tétricas palabras de su nodriza y no dudó en desangrar a la torpe sirvienta y prepararse una bañera con su sangre en la que se sumergió. Ese sería el primero de una larga lista de asesinatos para abastecerse de la sangre suficiente que le daría la eterna juventud. En su paranoica locura no se conformó pues, para no frotarse con toallas que disminuyeran el efecto de la sangre, obligaba a otras sirvientas a lamerle el cuerpo. A estas más les valía no mostrar rechazo ni repugnancia pues el castigo sería peor. Torturarlas hasta la muerte fue una práctica que no dudó en llegar a cabo la condesa.



Ruinas del castillo de Csejthe



En aquella espiral de muerte y depravación, Elizabeth Báthory se hizo con una serie de artilugios como un terrible sarcófago conocido como la Dama de Hierro en el que introducía a sus víctimas que sufrían el pinchazo de los múltiples clavos que recubrían su interior.



Durante más de 10 años, los campesinos del lugar veían el carruaje de la condesa deambular por sus tierras en busca de pobres muchachas engañadas con la promesa de una vida mejor a la dura existencia del campo. Y las que se negaban, eran drogadas y obligadas a la fuerza a acompañar a Elizabeth a un castillo del que a buen seguro nunca más saldrían con vida. La gran cantidad de cadáveres fueron primero enterrados con cuidado en las inmediaciones de la fortaleza pero al final, la Báthory y sus cómplices no tuvieron reparo en dejarlos en los campos sin ningún problema. A pesar de que la población cercana empezó a sospechar de la desaparición constante de muchas de sus hijas, la alta cuna de la que provenía la condesa hizo que ésta pudiera continuar con sus prácticas asesinas de manera impune.



Un error de cálculo

Pero las jóvenes muchachas se fueron terminando y la sed de sangre de Elizabeth la llevó a cometer un grave error. No dudó, desesperada por conseguir líquido para sus baños y víctimas para sus sangrientas prácticas, recurrir a chicas de la aristocracia. El rey Matías no pudo ya hacer oídos sordos a las historias dramáticas que llegaban de su pariente.



Hombres del rey, dirigidos por el palatino Thurzó, decidieron investigar el caso. Cuando atravesaron los muros de Csejthe se encontraron un horrendo espectáculo de cadáveres torturados, sangre derramada y a la propia condesa disfrutando de uno de sus depravados baños.



La sentencia hecha pública el 17 de abril de 1611 condenaba a Elizabeth Báthory a ser recluida de por vida. No corrieron la misma suerte sus cómplices quienes fueron, todos ellos, ejecutados. La condesa pasó los siguientes 4 años enterrada en vida. Fue emparedada en su propio castillo, sin poder ver la luz del día, aislada completamente, con una sola rendija por la que recibía algo de comida. Moría el 21 de agosto de 1614.



Terminaba así la historia de terror de la Condesa Sangrienta a quien sus más de 650 asesinatos y torturas no le sirvieron más que para sembrar el horror. La supuesta belleza que su nodriza le había prometido de poco o nada le sirvió en su tumba.



Fuente: http://grandesmujeresenlahistoria.blogspot.com.es/2012/08/la-condesa-sangrienta-elizabeth-bathory.html

nota: sobre este personaje hay biografías mejores y más completas (algunas se complementan, otras se contradicen), pero me he decantado por esta para que la gente se inicie en el personaje, y si le gusta tenga un punto sobre el cual partir.
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Miér 04 Sep 2013, 20:48

Seguimos con nuestra serie de personajes oscuros de la historia. Esta vez retrocedemos hasta el siglo XV, con uno de esos tantos hombres y mujeres que hicieron de la alquimia y su ansia por la transmutación del oro una obstinación que a veces les llevaba a la locura... esta es la historia de Guilles de Rais... de caballero a asesino de niños inocentes...

Gilles de Rais – El Mariscal de Las Tinieblas



Su primer crimen fue cometido con el propósito de realizar un pacto con el Diablo para lograr sus favores. Pero tras haberle cortado las muñecas a la víctima, haberle sacado el corazón, los ojos y la sangre, no se le apareció; mas había despertado su vocación por matar y torturar, llegando después a ser uno de los mayores monstruos de la historia.
El Mariscal de Las Tinieblas

Sadismo: perversión sexual que se caracteriza por la obtención del placer erótico a través de maltratar o hacer sufrir a la pareja…


Gilles tuvo una excelente formación intelectual y militar, peleó junto a Juana de Arco en favor de Carlos VII y, por su desempeño en combate, alcanzó el grado de Mariscal de Francia

Con apenas 20 años, Gilles de Laval, barón de Rais, era ya un joven de atractiva elegancia y sorprendente belleza. Había recibido una esmerada formación intelectual y militar que lo llevó a tomar lugar al lado de Juana de Arco como primer teniente a favor de su amigo el rey Carlos VII. Sirvió con tal distinción en las distintas batallas de la época, que fue recompensado con el título de Mariscal de Francia. La suerte le seguía sonriendo desde su venida al mundo en 1404.

Descendía de una de las familias más ricas y poderosas de Francia, y a los once años había heredado una de las mayores fortunas del país, que se había incrementado tras casarse a los dieciséis, con su prima e inmensamente rica, Catalina de Thouars.

Por aquel entonces su vida transcurría con total normalidad, incluso acababa de ser padre de una niña y era uno de los nobles más ricos de Europa. No obstante su conducta cambiaría tras la captura de su protegida Juana de Arco. El joven Mariscal trató de salvarla con una obstinación casi obsesiva, pero de poco le iba a servir, pues Juana acabaría siendo quemada en la hoguera.

Tras el duro shock de haber perdido a la mujer que idolatraba en secreto, Gilles se separó de su esposa y se encerró en su castillo de Tiffauges, negándose a tener contactos sexuales con ninguna mujer.

Entonces comenzó una insólita carrera de crímenes y sacrilegios contra la Iglesia, pues trataba de desafiar a Dios por haber permitido que Juana fuese torturada y quemada.


Tras la muerte de Juana de Arco (arriba) en la hoguera, Gilles, que la amaba e idolatraba en secreto, se separó de su esposa y se encerró en su castillo: entonces comenzó su rencor hacia la Iglesia y hacia Dios por permitir que Juana muriese, tras lo cual el odio empezaría a crecer hasta volverlo un demonio capaz de torturar y asesinar a unos 200 niños

Para divertirse, ordenaba que se organizasen en sus múltiples castillos lujosísimas fiestas y representaciones teatrales que eran conocidas en toda Europa, pero sus excesivos gastos pronto empezaron a menguar su fortuna y se vio obligado a vender varias de sus propiedades.

Preocupado por tales pérdidas, el barón de Rais se fue aficionando a la Alquimia e hizo que se instalase un laboratorio en un ala del castillo, donde trabajaba sin apenas dormir ayudado por alquimistas y magos importados de toda Europa a la búsqueda de la piedra filosofal, capaz, según la tradición esotérica, de transformar los metales en oro.

Al cabo de cierto tiempo, su sueño de oro no acababa de madurar, todo lo contrario, los alquimistas y magos le costaban una fortuna que lo iba arruinando más y más, hasta que desengañado despidió a la gran mayoría. Los pocos que quedaron a su mando no tardaron en persuadirlo que sólo con la ayuda del Diablo podría conseguir el oro que necesitaba.

(Algunas de sus numerosas biografías, cuentan que Gilles de Rais, llamado Barba Azul, habría hecho testamento legando parte de sus bienes a Satanás, pero reservándose su vida y su alma, según la leyenda. En las escrituras del castillo, figura como titular el mismo Diablo).

Los historiadores opinan que su primer crimen fue cometido con el propósito de realizar un pacto con éste para lograr sus favores. Pero tras haberle cortado las muñecas a la víctima, haberle sacado el corazón, los ojos y la sangre, ni se le apareció el Diablo ni logró trasformar el metal en oro. Lo único que habría logrado, sería el haber descubierto su pasión secreta: la tortura, la violación y el asesinato de niños.

Este personaje sentía una predilección malsana por los niños y los adolescentes, hasta el punto de que se atribuyó nada menos que la muerte de 200, tal vez más…


Gilles contó que disfrutaba entrando a la sala donde tenía a sus víctimas colgadas de ganchos. Al oír sus quejas de agonía fingía compasión y descolgaba a los torturados; pero luego, cuando se sentían confiados y consolados, los habría con un cuchillo y violaba sus cadáveres…

A partir del verano de 1438 comenzaron a desaparecer algunos muchachos de la misma ciudad de Nantes, de los pueblos de los alrededores, y la mayor parte, ocurrían cerca de la mansión del barón de Rais. También hacía entrar en su castillo a algunos de los niños mendigos que pedían limosna frente al puente levadizo, que eran retenidos contra su voluntad por sus servidores, violados y desmembrados posteriormente. La sangre y otros restos se conservaban para propósitos mágicos.

El mismo Gilles contó en alguna ocasión como disfrutaba visitando la sala donde los chicos eran a veces colgados de unos ganchos. Al escuchar las súplicas de alguno de ellos y ver sus contorsiones, Gilles fingía horror, le cortaba las cuerdas, le cogía tiernamente en sus brazos y le secaba las lágrimas reconfortándole. Luego, una vez se había ganado la confianza del muchacho, sacaba un cuchillo y le segaba la garganta, tras lo cual violaba el cadáver.

En una ocasión, se acercó a un niño que había elegido previamente y lo llevó al gran lecho que ocupaba el fondo de la sala de “torturas”. Después de algunas caricias, tomó una daga que colgaba de su cintura, y riendo a carcajadas cortó la vena del cuello del desdichado. Frente a la sangre que brotaba y al cuerpo que se convulsionaba, el barón se puso como loco. Arrancó las vestimentas al moribundo, tomó su propio miembro y lo frotó en el vientre del niño, que dos de sus cómplices sostenían porque éste estaba sin conocimiento. Cuando por fin salió el esperma, tuvo un nuevo acceso de rabia, tomó una espada y de un golpe cortó la cabeza de la víctima. Gilles, en pleno éxtasis se tumbó sobre el cuerpo decapitado, introdujo su sexo entre las piernas rígidas del cadáver, gritando y llorando hasta un nuevo orgasmo, se derrumbó sobre el cuerpo cubriéndolo de besos y lamiendo la sangre.

Luego ordenó que quemasen el cuerpo y que conservasen la cabeza hasta el día siguiente. En ese mismo suelo, desnudo y manchado de sangre se habría quedado dormido.


Gilles, que se había rodeado de una corte de brujos y hechiceros, empleaba a todos sus niños torturados como tributos ofrecidos para terribles rituales de magia negra de corte satanista. Uno de sus mayores gustos era organizar concursos en que sus perversos invitados elegían la cabeza más “bella” de entre todas las cabezas clavadas que iba acumulando: la cabeza ganadora era siempre usada para asquerosos actos de necrofilia…

(Se dice que Gilles tras la comisión de los crímenes de vampirismo y necrofilia caía en un pesado sueño, casi en coma, hecho que se reproduce en otros asesinos vampíricos y necrófilos que también dormían después de atacar a los cadáveres, como es el caso de Henri Blot).

A la mañana siguiente no quedaba huella ninguna de su desenfreno de la noche anterior, sus sirvientes la habían limpiado. Pidió que le trajeran la cabeza y ante ésta, se arrodilló bañado en lágrimas y prometió reformarse. Acercó sus labios a la cabeza, la besó largamente y se fue a su cama llevándola consigo y diciéndole que muy pronto se reuniría con otras cabezas tan bellas como ella…

Uno de los mayores placeres de Gilles era tener las cabezas decapitadas clavadas ante su vista. Luego llamaba a un artista de su séquito, el cual ondulaba exquisitamente el cabello del niño, le enrojecía los labios y las mejillas hasta darle un aspecto de belleza impresionante.

Cuando tenía bastantes cabezas cortadas, celebraba una especie de concurso de belleza, en el cual sus amigos e invitados votaban sobre cuál era la más bella. La cabeza “ganadora” era dedicada a un uso necrofílico.


Las numerosas desapariciones de niños y adolescentes hicieron que el pueblo sospechase del barón Gilles de Rais. Finalmente el duque de Bretaña envió soldados al castillo de Tiffauges (arriba): entonces vieron que aquel era un verdadero castillo de torturas, un infierno.

Tras las numerosas desapariciones de niños, poco a poco las sospechas se fueron tornando hacia la persona del barón, pero nadie se atrevía a acusarle, pues aunque más empobrecido seguía siendo un personaje muy poderoso, y sus víctimas en cambio, solo eran gente muy humilde.

Por otro lado, los proveedores no cesaban de amenazar a los padres que reclamaban a sus hijos desaparecidos, y en todas partes se hacía el silencio.

A principios de 1440, llegaron los rumores hasta la corte del duque de Bretaña, quién ordenó abrir una investigación sobre los secuestros y la posible implicación del barón de Rais.

El 13 de septiembre fue detenido en su el pueblo de Machecoul por un grupo de soldados, quienes hallaron en su propiedad los cuerpos despedazados de 50 adolescentes. El duque de Bretaña le hizo compadecer ante la justicia acusado de haber asesinado e inmolado entre 140 y 200 niños en prácticas diabólicas.

Se le infligieron todo tipo de torturas para obligarle a confesar sus crímenes, que se obstinaba a negar pese a las evidencias, pero fue sólo la amenaza de la excomunión lo que le indujo a hacerlo detalladamente.


Durante el juicio, el cínico monstruo afirmó que su mayor placer era sentarse sobre los estómagos abiertos de sus víctimas para ver cómo agonizaban.

En octubre, Gilles aceptó voluntariamente todos los cargos que se le imputaban y confesó que había disfrutado mucho con su vicio, a veces cortando él mismo la cabeza de un niño con una daga o un cuchillo, y otras golpeando a los jóvenes hasta la muerte con un palo y besando voluptuosamente los cuerpos muertos, deleitándose sobre aquellos que tenían las cabezas más bellas y los miembros más atractivos. Afirmó ante los magistrados que su mayor placer era sentarse en sus estómagos y ver como agonizaban lentamente, y que en los cargos que se le imputaban no había intervenido nadie más que él, ni había obrado bajo la influencia de otras personas, sino que siguió el dictado de su propia imaginación con el único fin de procurarse placer y deleites carnales.

Al amanecer del 26 de octubre fue llevado a un descampado junto con dos de sus más destacados cómplices para ser ahorcado y quemado en la hoguera. En el patíbulo manifestó públicamente su arrepentimiento, instando a todos los presentes a no seguir su ejemplo y pidiendo humildemente perdón a los padres de las víctimas. Murió aferrándose desesperadamente a su fe cristiana.

Accediendo a las súplicas de algunos de sus parientes, el cuerpo, parcialmente quemado, fue retirado de la hoguera y enterrado en una iglesia de las carmelitas en Nantes. Sus bienes fueron confiscados en beneficio del duque de Bretaña y de la Iglesia.

NOTA: El texto expuesto fue escrito por Pili Abeijon.

ANEXO: Siniestras declaraciones de Guilles de Rais 
Estas impactantes palabras que Guilles de Rais emitió durante su juicio, dan cuenta de una de las personalidades más perversas que la historia haya conocido. En ellas se muestra a un ser que no solo está consciente de que obra el mal, sino que obra el mal por amor al mal, particularmente al mal que se complace en destruir la inocencia y la pureza y en, a través de sangrientos ritos, dar rienda suelta a un oscuro sentimiento de devoción casi religiosa por la muerte misma. Tales declaraciones han sido tomadas del libro El Mariscal de las Tinieblas de Juan Antonio Cebrián:

‹‹Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes —niños y niñas— y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos —aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto— y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados.

Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente.

Contemplaba a aquellos que poseían hermosa cabeza y proporcionados miembros para después abrir sus cuerpos y deleitarme a la vista de sus órganos internos y muy a menudo, cuando los muchachos estaban ya muriendo, me sentaba sobre sus estómagos, y me complacía ver su agonía…

Me gustaba ver correr la sangre, me proporcionaba un gran placer. Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, el Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el infierno antes de poder creer en el Cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. En el campo de batalla el hombre nunca desobedece y la tierra toda empapada de sangre es como un inmenso altar en el cual todo lo que tiene vida se inmola interminablemente, hasta la misma muerte de la muerte en sí. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta de que podía respirar. Mi juego por excelencia es imaginarme muerto y roído por los gusanos.

Yo soy una de esas personas para quienes todo lo que está relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo. (…) Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla.››
Fuente: http://www.asesinos-en-serie.com/gilles-de-rais/
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Vie 24 Oct 2014, 20:54

Retomo esta sección... esta ve se trata no de una persona sino de toda una familia...

La Horrorosa familia Sawney Bean

Sawney Bean nació en el condado de East Lothian, a unos trece kilómetros al este de la ciudad de Edimburgo, durante el reinado de Jaime I de Escocia. Su padre se dedicaba a recortar setos y excavar zanjas, e inició a su hijo en la misma profesión. Durante su juventud, Sawney se ganaba el pan cotidiano con aquel oficio, pero un dia decidio irse en compañía de Agnes Douglas, una vivaracha criatura que ya había sido denunciada por bruja. 
 




La pareja se instaló en una cueva, cerca de la playa del litoral del condado de Galloway; allí vivieron durante más de veinticinco años, sin ir a ninguna ciudad, pueblo o aldea. 
En aquel tiempo tuvieron un gran número de hijos y nietos, a los cuales criaron de acuerdo con sus propios hábitos, sin la menor noción de humanidad ni de sociedad civilizada. Nunca tuvieron ninguna compañía, y se mantenían a sí mismos robando, no sin antes asesinar a la víctima. 
Gracias a este método sanguinario, y al hecho de vivir tan apartados del mundo, transcurrió mucho tiempo sin que fueran descubiertos; no habiendo nadie capaz de sospechar cómo se perdían las personas que pasaban por el lugar donde ellos vivían. Depués de haber asesinado a un hombre, una mujer o un niño, transportaban el cadáver a su madriguera, y allí lo descuartizaban y después se lo comían; éste era su único alimento; y a pesar de que llegaron a ser tan numerosos, normalmente tenían un exceso de aquella repugnante comida, de modo que amparados por la oscuridad nocturna, solían arrojar al mar piernas y brazos de las víctimas, procurando hacerlo a una gran distancia de la cueva en que vivían; aquellos miembros eran devueltos con frecuencia por el mar a la playa, en diversas partes de la región, para asombro y terror de los que los descubrían, y de otros que oían hablar del macabro hallazgo. 
Las desapariciones se hicieron tan frecuentes, que provocaron un miedo general en toda la región. La alarma fue en aumento, ya que no se podía viajar con seguridad por las proximidades de la madriguera de aquellos malvados. Fueron enviados espías a aquellos lugares; la mayoría de ellos no regresaron, y los que lo hicieron, después de llevar a cabo minuciosas investigaciones y pesquisas, no pudieron dar con las causas de aquellos misteriosos sucesos. 
 





Varios viajeros fueron detenidos como sospechosos y ahorcados erróneamente con el apoyo de alguna prueba circunstancial. También fueron ajusticiados varios posaderos, sin otro motivo que el de haber alojado en sus posadas a algunas personas que posteriormente habían desaparecido sin dejar rastro. Se sospechó que habían asesinado a aquellas personas en sus establecimientos y enterrado después los cadáveres en lugares donde no resultara fácil descubrirlos. 



La justicia se ejerció con la mayor severidad imaginable, a fin de evitar aquellas frecuentes y atroces hazañas; hasta el punto de que muchos posaderos que vivían en la zona occidental de Escocia, abandonaron sus negocios, temiendo correr la misma suerte, y buscaron otras ocupaciones.
 


Esto, por otra parte, ocasionó muchos inconvenientes a los viajeros, que ahora encontraban grandes dificultades de alojamiento para pasar la noche. En pocas palabras, toda la región quedó casi despoblada. 

Sin embargo continuaban produciéndose desapariciones de súbditos del rey, de modo que todo el mundo llegó a admirarse de que pudieran producirse semejantes villanías sin que sus autores fuesen descubiertos. Ni uno solo de los que habían sido ejecutados confesó su culpabilidad en el patíbulo; por el contrario, afirmaron su inocencia hasta el último minuto. Cuando los magistrados comprobaron la inutilidad de aquellas medidas, renunciaron a sus procedimientos rigurosos y confiaron en la suerte para la resolución de aquel horrible misterio. La familia de Sawney, entre tanto, continuaba creciendo, y cada uno de sus miembros, cuando la edad se lo permitía, ayudaba en la medida de sus fuerzas a perpetrar los horribles crímenes, que seguían impunes. A veces atacaban a cuatro, cinco o seis viajeros al mismo tiempo, pero nunca a más de dos si iban a caballo; eran tan precavidos, además, que tendían dos emboscadas, una delante de la otra, para evitar que alguno de los atacados pudiera escapar, si se había librado de los primeros asaltantes. 

El lugar en el cual habitaban era completamente solitario y, cuando subía la marea, el agua penetraba en una extensión de casi doscientos metros en su vivienda subterránea, que tenía casi dos kilómetros de longitud; de modo que la gente armada que fue enviada a investigar ni siquiera se había fijado en la cueva, incapaz de imaginar que algún ser humano pudiera resistir en semejante lugar de perpetuo horror y oscuridad. 

El número de asesinatos cometidos por aquellos salvajes no llegó a conocerse nunca con exactitud; pero se calculó que en los veinticinco años que duraron sus fechorías habían lavado sus manos con la sangre de un millar de hombres, mujeres y niños, como mínimo. Su descubrimiento tuvo lugar en 1435 en las siguientes circunstancias: Un hombre y su esposa, montados en el mismo caballo, regresaron un atardecer a su hogar, después de haber visitado una feria, y cayeron en la emboscada de aquellos desalmados asesinos, que se lanzaron furiosamente sobre ellos. El hombre se defendió valientemente con espada y pistola, derribando a algunos de los asaltantes. 



En el transcurso de la lucha la pobre mujer cayó del caballo, e inmediatamente fue asesinada ante los ojos de su marido, ya que las mujeres caníbales la degollaron y empezaron a chupar su sangre con tanto placer como si fuera vino; después le abrieron el vientre y le sacaron las entrañas. El horrendo espectáculo hizo que el hombre redoblara sus esfuerzos por defenderse, sabedor de que si caía en manos de sus enemigos correría la misma suerte. 

Quiso la suerte que mientras luchaba desesperadamente se presentara un grupo de veinte o treinta hombres que había estado en la misma feria; y ante partida tan numerosa Sawney Bean y su sanguinario clan decidieron retirarse a su madriguera, cruzando un tupido bosque.
 


El hombre, que era el primero que salía con vida de una emboscada del clan de Beane, contó a los recién llegados lo que había sucedido y les mostró el cadáver de su esposa, que los forajidos no habían podido llevarse. Todos quedaron estupefactos y horrorizados ante su relato; le llevaron con ellos a Glasgow y pusieron el asunto en conocimiento de los magistrados de la ciudad, los cuales informaron inmediatamente al rey. 

Tres o cuatro días más tarde, Su Majestad en persona, con un ejército de cuatrocientos hombres, salió para el lugar donde se había producido la tragedia, a fin de registrar el terreno palmo a palmo, tratando de localizar a aquellos seres diabólicos que desde hacía tanto tiempo venían siendo tan nefastos para las regiones occidentales del reino.
 


El hombre que fue atacado era el guía, y se llevaron también un gran número de sabuesos, no omitiendo ningún medio humano que pudiera conducir a poner fin a aquellas crueldades. Sus primeras pesquisas resultaron infructuosas; no consiguieron encontrar ninguna vivienda, y a pesar de que pasaron por delante de la cueva de los malvados, no le prestaron atención y continuaron su exploración a lo largo de la playa, ya que la marea estaba baja en aquel momento. 


Por fortuna, algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e inmediatamente estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y gruñidos; de modo que el rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y examinó la entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo se veía oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al ver que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a salir de la cueva, empezaron a imaginar que alguien debía vivir allí. En consecuencia fueron en busca de antorchas y un numeroso grupo de hombres se aventuró en la caverna, a través de las más intrincadas vueltas y revueltas, hasta que por fin llegaron a la recóndita cavidad que servía de vivienda a aquellos monstruos.
 
El espectáculo que se ofreció a la vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría olvidar mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres, mujeres y niños colgaban en ristras, puestos a secar; había muchos miembros en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata, relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.La familia de Sawney, en aquella época, se componía de él mismo, su esposa, ocho hijos, seis hijas y, como frutos incestuosos, dieciocho nietos y catorce nietas.Todos fueron encadenados por orden de Su Majestad. Los soldados recogieron todos los restos humanos que pudieron encontrar y los enterraron en las arenas. Luego cargaron con el botín que habían reunido los asesinos y regresaron con sus prisioneros a Edimburgo. Sawney Bean y los miembros de su familia no respondieron por sus crímenes ante ningún tribunal, ya que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se habían mostrado enemigos declarados del género humano. Los hombres fueron descuartizados; les amputaron brazos y piernas y los dejaron desangrar hasta que les sobrevino la muerte al cabo de unas horas. 
Después de haber sido espectadores del justo castigo inflingido a los hombres, la esposa, las hijas y los nietos fueron quemados en tres hogueras distintas. Todos aquellos malvados murieron sin dar la menor señal de arrepentimiento; por el contrario, mientras les quedó un hálito de vida, profirieron las más horribles maldiciones y blasfemias. 

Algunos expertos aseguran que se trata de una leyenda inventada por los ingleses para ejemplificar la barbarie escocesa. Lo cierto es que en la costa de Ballantrae existe aún una gruta que los lugareños llaman la cueva de Sawney Bean, en la que hace muchos años que nadie se atreve a entrar. 
 

Fuente: http://www.taringa.net/posts/paranormal/10439872/La-Horrorosa-familia-Sawney-Bean.html
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Aleksander Vladimirov

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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Sáb 25 Oct 2014, 13:34

@SG6 escribió:
El pobre solo actuó como lo que realmente era por dentro, ¡fue un Otherkin incomprendido! [XD]

Yo más bien definiría sus acciones como las de un psicópata o perturbado. Bien fuese porque buscaba oro, bien por recuperar su juventud, mediante la alquimia sus acciones no pueden ser justificadas más que desde el punto de vista de la locura y la perversión. Si lo comparamos con otro personaje próximo de su época (temporalmente hablando) como Vlad Tepes ("Drácula") a este último se le podría "justificar" debido a la infancia dura que tuvo como cautivo de los turcos y las circunstancias de la época y la zona en vivía que le obligaban a usar el terror y la crueldad como arma para mantenerse en el poder. Sin embargo en el caso de Guilles de Rais estas circunstancias no se dan... no sufre abusos de niño, no tiene que conservar su estatus social o su vida porque ya lo tiene firmemente asegurado... sencillamente yo lo definiría como un monstruo que habitaba el cuerpo de un hombre y que al final terminó apoderándose de él.
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Sidus el Sáb 25 Oct 2014, 14:42

Vlad Tepes fue un chaval muy listo. Se preparó el terreno para que no le molestara ni Dios incluso después de muerto xD.

De hecho la leyenda del Jinete sin cabeza es suya también.
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Sáb 25 Oct 2014, 15:25

@Sidus escribió:Vlad Tepes fue un chaval muy listo. Se preparó el terreno para que no le molestara ni Dios incluso después de muerto xD.

De hecho la leyenda del Jinete sin cabeza es suya también.

Listo o no, lo cierto es que no le quedaba otra opción dada la época y la región donde vivió. Sencillamente su posición de poder era tan débil por si sola, en un país donde los gobernantes duraban tan poco en el trono y la traición y los cambios de alianzas eran tan frecuentes, que el miedo era lo único que le podía mantener en el poder.

Dudo mucho que la leyenda del jinete sin cabeza se base en él, ya que es una leyenda originaria de los Estados Unidos, en el siglo XVIII, y dudo mucho que muy pocos de esa región conocieran algo de la historia de Vlad Tepes... incluso hoy día creo que la historia sigue siendo su asignatura pendiente XD

http://www.leyendasmexicanas.net/2013/03/leyenda-el-jinete-sin-cabeza.html

https://unpoquitodemisterio.wordpress.com/2011/03/16/cual-es-la-verdadera-historia-del-jinete-sin-cabeza/
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Vie 03 Abr 2015, 21:30

Retomamos esta sección, ahora nos acercamos más a nuestros tiempos a pleno siglo XX, con alguien que serviría de "inspiración" para personajes de películas como Psicosis, El Silencio de los Corderos o La Matanza de Texas... sólo que por desgracia para sus víctimas él si era real... Ed Gain:


ED GEIN - El carnicero de Plainfield



Bajo el aspecto de debilidad y timidez de este asesino se escondía un canibal asesino.


Aparentemente era un hombre inofensivo... pero su personalidad ocultaba un terrible psicópata que convirtió su granja en un matadero humano. Sus espeluznantes crímenes proporcionaron a Hitchcock las bases para su clásica película de terror Psicosis.
En la tarde del 8 de diciembre de 1954, un granjero de Plainfield, en Wisconsin, entró en "la taberna de los Hogan" a echar un trago en esa fría tarde de invierno cuando descubre con espanto un gran reguero de sangre que cubría las tablas de madera del suelo. La propietaria Mary Hogan, había desaparecido.
El sheriff observó que no había señales de lucha aparentes y que la caja registradora seguía llena, pero determinó que la mujer había sido asesinada y que su cuerpo había sido arrastrado hasta un coche que esperaba fuera. Los informes forenses tan sólo confirmaron las conclusiones a las que había llegado el sheriff y no arrojaron ninguna luz sobre el caso. La desaparición de Mary era un misterio.
Aproximadamente un mes después de este suceso, el propietario del aserradero de Wisconsin comentaba el caso con un hombre pequeño y tímido que vivía en una granja de madera a pocos kilómetros de allí. Su nombre era Ed Gein.

Gein vivía solo desde la muerte de su madre en 1945 y se ganaba la vida haciendo toda clase de trabajos a los vecinos de Plainfield. Fue su habilidad en este tipo de trabajos, por la que este hombre de complexión débil, mediana edad, pelo rubio y ojos azules empezó a ser conocido entre las gentes del lugar como una persona trabajadora, cumplidora, fiable pero excéntrica.

El propietario del aserradero no se llevaba muy bien con Gein. Encontraba extremadamente difícil hablar con él por que a veces éste comenzaba a reír con nerviosismo sin motivos como un desequilibrado, o por sus comentarios inoportunos que dejaban a la otra persona sin saber que decir.
En esta ocasión, el hombre recordó que Gein solía sentarse solo en un rincón de la taberna mirando fijamente a la dueña del local absorto en sus pensamientos con una jarra de cerveza, y supuso que estaba enamorado de la mujer. Le sugirió bromeando, que si le hubiese hablado a Mary con claridad de sus sentimientos, probablemente en ese momento estaría en su granja cocinando y esperando a que volviera en lugar de haber desaparecido presumiblemente asesinada. Gein, con un extraño gesto puso los ojos en blanco y le respondió con una de sus conocidas sonrisas: "No está desaparecida. Ahora mismo está en la granja". El hombre se encogió de hombros y no le tomó en serio, después de todo, era el tipo de comentario que se esperaba de él...
Nació el 27 de agosto de 1906, hijo de madre austera y fanática religiosa que despreciaba a su débil y borracho marido. Cuando ambos discutían, que solían hacerlo con frecuencia, el hombre se emborrachaba y pegaba a sus dos hijos.
Desde el primer momento, la vida de Ed estuvo completamente dominada por su madre, quien se había prometido a sí misma que su hijo no sería nunca como esos hombres lascivos, ateos y alcoholizados que veía a su alrededor. Seguía una disciplina muy dura castigando a sus hijos, e incapaz de darles el consuelo y el amor de una madre.
Gein no tubo contacto con otros niños, pues todo el mundo suponía ante los ojos de esa madre una amenaza para la pureza moral de su hijo. Así durante treinta y nueve años hasta que la mujer moría víctima de un ataque al corazón, dejando tras ella un hombre dependiente, reprimido y sólo, en un mundo que apenas comprendía.
La mañana del sábado 16 de noviembre de 1957, Ed Gein asesinaba a la dueña de la ferretería del pueblo, Bernice Worden, disparándole una bala con su viejo rifle de caza del calibre 22. También en esta ocasión se llevó el cadáver en la furgoneta, dejando el suelo del local encharcado de sangre. Pero esta vez, habría un testigo... el libro de contabilidad. En su última anotación, figuraba el nombre de Ed Gein, a quién habría vendido su último 


Foto de su última víctima (
Bernice Worden) tomada por la policia en el momento de la inspección de su domicilio, el cadaver se encontraba decapitado y con el cuerpo completamente abierto en canal.


Dos oficiales de la policía arrestaron a Gein, mientras otros dos se dirigían inmediatamente hacia su granja con la intención de llevar a cabo un registro. Al pasar dentro, el sheriff sintió como algo le rozaba el hombro, y al volverse se topó con un cuerpo decapitado de mujer con un profundo agujero en el estómago que colgaba del techo.
Después de recuperarse del shock por el horror que habían presenciado, y tras pedir ayuda por radio, los dos hombres volvieron a la casa.
El cadáver colgaba de un gancho por el tobillo y con un alambre le habían sujetado el otro pie a una polea. Habían rajado el cuerpo desde el pecho hasta la base del abdomen, y las tripas brillaban como si las hubiesen lavado y limpiado.
No había duda que el causante de ese terrorífico espectáculo era una persona enferma. Era difícil de creer que un ser humano pudiera vivir allí. Por todas partes se veían montañas de basura y desperdicios, cajas de cartón, latas vacías, herramientas oxidadas, excrementos, revistas pornográficas, de terror y de anatomía humana, chicles pegados en las tazas y una dentadura sobre el mantel de la mesa...


Había varios cráneos por la cocina, algunos partidos por la mitad y empleados como cuencos.






En su casa guardaba varias cabezas casi intactas, además elaboraba muebles con la piel y huesos de los cadaveres, asimismo se elaboró prendas de vestir como un chaleco con la piel humana de sus víctimas
.
Más tarde, en cuanto llegaron más patrullas, se descubrió en el interior de la casa todo el horror que allí escondía. Había varios cráneos esparcidos por la cocina, unos intactos y otros partidos por la mitad y empleados como cuencos.
Una inspección más detenida reveló que una de las sillas de la cocina estaba hecha con piel humana, como las pantallas de las lámparas, las papeleras, las fundas de los cuchillos e incluso alguna prenda de vestir, como un chaleco o un cinturón formado con pezones humanos.
Entre los más atroces descubrimientos, se encontraron unas cajas con los restos humanos pertenecientes a diferentes cuerpos sin identificar, el corazón y la cabeza amputada de Bernice Worden en una bolsa de plástico, una colección de nueve máscaras de piel humana con el pelo intacto, de las cuales, cuatro colgaban en la pared que rodeaba la cama de Gein, etc.
Había decorado el interior de su casa de madera con esas máscaras confeccionadas con tiras de piel procedentes de auténticos rostros humanos y con los cráneos colgados de las columnas de su cama.
La única habitación de la casa que parecía normal era una sellada con tablones en la puerta y perfectamente ordenada... la de su madre. Desde que su madre muriera en 1945, doce años antes, la habitación había estado cerrada con clavos como un sepulcro. Ed explicó a la policía después de su detención que después de su fallecimiento, su madre se mantuvo en contacto con él durante más de un año, hablándole mientras se adormecía. Dijo que había sido en esa época cuando desarrolló su fascinación por la anatomía. Le fascinaban los reportajes sobre la operación de cambio de sexo y se planteó el convertirse él mismo en mujer.

Gein declaró que tan sólo recordaba, muy confusamente, haber matado a Bernice Worden, y que los demás restos humanos que se habían hallado en la granja pertenecían a nueve cadáveres que había sacado del cementerio. Explicó que en los últimos años sentía de vez en cuando la necesidad de profanar tumbas, y que en algunas ocasiones incluso conocía a las víctimas en vida y se enteraba de sus muertes leyendo los periódicos. Luego, en la noche del entierro, se dirigía al cementerio, sacaba el cadáver y rellenaba de nuevo la tumba (eso lo pudo comprobar la policía más tarde, cuando al exhumar las tumbas, algunas de las que Gein había dicho, se encontraban vacías).
Muchos de los objetos domésticos y muebles que se descubrieron a raíz del arresto de Gein, procedían de las profanaciones de tumbas. Unas veces arrastraba cadáveres enteros hasta su casa, otras cortaba las partes más interesantes y se las llevaba como recuerdo.
El 30 de marzo de 1958 la casa de Gein fue arrestada, después de correrse el rumor de que estaba destinada a convertirse en una atracción para turistas como la Casa de los Horrores. De todas formas, su camioneta Ford sobrevivió y se vendió en una subasta pública para ser utilizada en ferias locales con un letrero que anunciaba: ¡El coche de Ed Gein! ¡Vea el coche que transportó a los muertos de las tumbas!


Los médicos del hospital Central del Estado deciden que el asesino no está capacitado para ir a un juicio y es internado hasta los años 68, cuando después de un juicio que duraría una semana, se le declara culpable de dos asesinatos, pero al aducirse su locura, es de nuevo internado.
El caso de Ed Gein es, desde un punto de vista médico, uno de los más complejos de la criminología. Voyerismo, fetichismo, travestismo y puede que necrofilia, integraban su personalidad.
Sin embargo, a medida que se iba conociendo su verdadera historia se hizo evidente que esas perversiones eran meras manifestaciones de una psicosis profunda, un trastorno mental que tenía sus raíces en la relación anormal que tenía con la madre.
Cuando los psiquiatras comenzaron a considerar las posibles razones de su comportamiento patológico, supusieron que se trataba de un caso de "Complejo de Edipo", que Gein estaba enamorado de su madre y que a raíz de su muerte se obsesionó en buscar a alguien que la sustituyera, pues se encontraron extraordinario parecido entre sus víctimas y su madre. De niño, buscaba el amor de su madre de manera obsesiva, que le era negado una y otra vez, fue así como en su mente se desarrolló una nueva personalidad, un Ed que odiaba a la mujer.
Gein murió por insuficiencia respiratoria el 26 de julio de 1984, tras décadas de reclusión en una unidad psiquiátrica, donde resultó ser un paciente modelo. En la actualidad, sus restos descansan en el cementerio de Plainfield, al lado de los de su madre...

Fuente de Información: http://elultimosello.iespana.es



Fuente: http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/Ed_Gein_-_El_carnicero_de_Plainfield/Ed_Gein_-_El_carnicero_de_Plainfield.php
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vacio Re: Personajes "oscuros" de la historia

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Jue 07 Ene 2016, 21:17

Retomando esta sección durante muchos meses abandonada, en este ocasión os traigo un caso relativamente cercano en el tiempo (segunda mitad del siglo XX) que tuvo lugar en tierras mexicanas y en el cual se juntan estafas, sectas religiosas, ignorancia y sacrificios humanos...

Magdalena Solís: "La Gran Sacerdotisa de la
Sangre"




“Nuestra diosa necesitaba beber sangre para mantenerse eternamente
joven”.
Un miembro de la secta



Magdalena Solís nació en la década de 1930 en Ciudad Victoria,
Tamaulipas (México). Provenía de una familia de escasos recursos y, muy
probablemente, disfuncional. Aparentemente, comenzó a ejercer el oficio de
la prostitución a temprana edad; oficio en el que laboraría hasta su unión,
junto con su hermano Eleazar Solís (quien también fungía como su
proxeneta), a la secta de los hermanos Santos y Cayetano Hernández, en
1963. Eran dos embaucadores que fundaron una extraña agrupación. Fingían
ser dioses, por lo que su grupo pedía el dinero de sus fieles y exigían tener
sexo con sus seguidoras. A principios de 1963, los hermanos Hernández
convencieron a los pobladores de la remota aldea de Yerbabuena de que los
dioses incas que supuestamente habitaban en una montaña cercana,
estaban dispuestos a darles fabulosas riquezas a cambio de su lealtad
inquebrantable y sus favores sexuales. Los crédulos campesinos ni siquiera
se daban cuenta de que los incas eran de origen peruano y no mexicano.

El caserío de Yerbabuena



A finales de 1962 y principios de 1963, los hermanos Santos y Cayetano
Hernández, un par de delincuentes de poca monta, idearon una estafa, que
ellos creyeron era brillante y sería la solución a todos sus problemas
monetarios. Llegaron al pequeño pueblo de Yerba Buena, una comunidad
marginada del estado de Tamaulipas, al norte de México, con un poco más
de cincuenta habitantes, todos ellos sumidos en la pobreza extrema y en su
mayoría analfabetas. Una vez allí, se autoproclamaron profetas y sumos
sacerdotes de los “poderosos y exiliados dioses incas”.



Les dijeron a los indios que los dioses Incas, a cambio de adoración y
tributos, les otorgarían tesoros escondidos en las cuevas de las montañas
aledañas al poblado; y que pronto vendrían a reclamar la potestad sobre su
antiguo reino, y castigarían a los incrédulos. Los Hernández, por completo
ignorantes de la mitología inca de Perú, convencieron a muchos de los
habitantes de Yerba Buena quienes, presos de la ignorancia y la miseria,
creyeron en tal absurdo. Así fundaron una secta relativamente nutrida; exigieron a los adeptos tributos económicos y sexuales, tanto a mujeres
como a hombres.




Los Hernández pasaron de ser unos simples ladronzuelos a estafadores y
esclavistas sexuales; organizaban orgías durante las cuales usaban diversos
narcóticos. Los aldeanos limpiaron las cuevas de la ladera para usarlas
como los templos de los elaborados rituales de los hermanos. Los hombres y
mujeres del pueblo se convirtieron en juguetes sexuales de los hermanos, con
la esperanza de atraer buena fortuna a la aldea. Desesperados por mejorar
su situación, los aldeanos entregaron todo su dinero y pertenencias
personales. Se les prometió que aparecería un “tesoro místico” oculto en las
cavernas de la montaña.



El culto funcionó sin problemas durante un tiempo. Pero después de tres
meses de sacrificios sexuales, ninguno de los dioses hizo una aparición o
envió mensajes, y no hubo ningún cambio discernible en la calidad de vida o
el trabajo. Los creyentes comenzaron a impacientarse al no cumplirse las
promesas divinas. Entonces, los líderes de la secta idearon un plan:
decidieron llevar a los dioses a la gente. Para ello, fueron a Ciudad Victoria
en busca de prostitutas que quisieran formar parte de la farsa. Ahí
contactaron a Magdalena Solís y a su hermano Eleazar, quienes accedieron




Durante un ritual, presentaron a Magdalena Solís como la reencarnación de
una diosa inca, con ayuda de un truco de magia barato: una cortina de humo.
Ella se mostró desnuda ante todos, lo que despertó la excitación y los
arrebatos místicos de los pobladores. Pero no contaban con que Magdalena
se creería su papel. Tras su ingreso al grupo, Magdalena desarrolló una
grave psicosis teológica: era una fanática religiosa, sufría de delirios y
mostraba una marcada disfunción sexual, que se expresaba en su necesidad
patológica por consumir sangre. También practicó el incesto, el fetichismo y
la pederastia. Con estas características, poco después de entrar a la secta,
Magdalena tomó el mando. Para ese entonces, dos adeptos, hartos de los
abusos sexuales, quisieron abandonar la secta. Los demás creyentes,
presas del miedo, los acusaron ante los sumos sacerdotes. La condena de
Solís fue clara: pena de muerte para los herejes. Los dos infortunados fueron
linchados por los aterrados adeptos. Otros disidentes fueron nombrados
"Los Incrédulos" y señalados como el blanco de sacrificios humanos. Durante
un período de seis semanas, ocho campesinos fueron golpeados hasta la
muerte durante ceremonias rituales. El sacrificado era brutalmente golpeado,
quemado, cortado y mutilado por todos los miembros del culto.
Posteriormente era desangrado hasta morir. El ritual también incluía el uso
de narcóticos como marihuana y peyote. Para complacer a los dioses
sedientos de sangre, la gente de Yerbabuena bebía la sangre de sus amigos
y vecinos en copas ceremoniales.




Ahora utilizaban elementos extraídos de la mitología mexica: “La sangre era
el único alimento digno para los dioses, a través de ella preservaba su
inmortalidad nuestra diosa. Necesitaba beber sangre para mantenerse
eternamente joven”, diría uno de sus seguidores. Para ese momento,
Magdalena Solís afirmaba ser la reencarnación de la diosa mexica Coatlicue.
Las siguientes seis víctimas fueron sacrificadas en rituales más organizados,
ideados por los hermanos para tener el efecto máximo. El punto culminante
del rito era cuando todos bebían la sangre de sus víctimas, mezclada con
sangre de pollo.




Un ritual fue presenciado por un forastero que se encontró con la escena. El
estudiante Sebastián Guerrero, de catorce años, atraído por las luces y los
ruidos que salían de una de las cuevas, entró a investigar; se encontró con un
terrible espectáculo: en silencio observó la atroz muerte que sufría una de las
víctimas. Salió huyendo y caminó varios kilómetros hasta la ciudad más
cercana, para ir a la estación de policía local. Los agentes se rieron cuando
les dijo que había visto a un grupo de vampiros bebiendo sangre humana en
una caverna, pero insistió tanto que lo enviaron de regreso a la comunidad
acompañado de un oficial, Luis Martínez, para corroborar la historia. Ninguno
de los dos volvió.




Varios días después, la policía y los soldados de Ciudad Victoria, capital del
estado de Tamaulipas, fueron enviados a investigar el sitio. El 31 de mayo de
1963 encontraron los cadáveres descuartizados del oficial Luis Martínez y de
Sebastián Guerrero, así como evidencia macabra de otros asesinatos. A
Martínez le habían arrancado el corazón. Magdalena y Eleazar fueron
encontrados en una casa cercana, llena de marihuana. Se desencadenó un
tiroteo con la policía y el ejército, en el cual murió Santos Hernández.




Los pobladores huyeron rumbo a las montañas, en busca de la protección de
sus dioses. Los más fanáticos se parapetaron en las cuevas de la ladera de
la montaña. Intercambiaron disparos de rifle con los policías y los soldados,
pero el poder de fuego superior de los agentes los superó. Antes de ser
detenido, Cayetano Hernández fue asesinado por Jesús Rubio, un aldeano
que formaba parte del grupo de estafadores.





Magdalena Solís y doce de sus seguidores fueron llevados a juicio a partir
del 13 de junio de 1963. Cada uno de ellos recibió una pena de prisión de
treinta años. Su condición de analfabetismo y pauperismo sirvieron de
atenuantes. No fue hasta años después que algunos ex miembros de la secta
hablaron de los horrores del culto. En honor de esta asesina, una banda de
rock belga que tomó su nombre: "Magdalena Solís".

BIBLIOGRAFÍA:







Fuente original: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2015/01/magdalena-solis-la-gran-sacerdotisa-de.html
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