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Mensaje por Invitado el Sáb 19 Jul 2014, 00:56

Otro sueño largo vivido esta semana...
La nena con actitud negativa vuelve a aparecer, al igual que la temática familiar y la de los animales.


Fue confuso el comienzo, pero me acuerdo que empecé soñando con una familia desconocida. Yo estaba con ellos, aunque no estoy seguro si teníamos parentesco o no. Los integrantes eran tres: un hombre, una mujer, y su hija. Desayunamos todos juntos, un poco apurados porque íbamos a salir de viaje. Terminamos de cargar las valijas a la camioneta con lo necesario y salimos. Pasaron varias horas y se hizo de noche, así que paramos en una estación de servicio a comer y dormir. Entramos, nos atendieron y nos hicieron pasar a la parte de atrás, en donde nos encontramos con una cocina parecida a la de los chefs en los restaurantes, en la que había ingredientes de todo tipo para elegir y preparar lo que quisiéramos. 

Prendimos las hornallas y empezamos a cortar las cebollas, los ajíes y las demás cosas. De un momento a otro la hija de la familia (que posiblemente tendría unos diez años) se nos lanzó al ataque con un cuchillo, apuñalando a una empleada del lugar que nos ayudaba y provocándole un corte bastante profundo a la madre en el brazo. Corrí asustado y me fui lejos.

Después de ese incidente aparezco de nuevo en la casa familiar. Siempre estuve en la cocina y el comedor, era el único lugar de la casa que conocía. Como no había nadie, aproveché para subir unas escaleras que llevaban a una puerta, la abrí y entré a una habitación grande. Era sin lugar a dudas un panorama desagradable a tope; una habitación gris, un altar de algún culto, un ambiente denso y cinco o seis personas tendidas boca arriba en el suelo desnudas, totalmente pálidas. Un hombre se movía a penas e intenté ayudarlo, pero se negó, diciéndome que me vaya, porque ya habían muerto. En ese momento, de otro hombre emergió un ser humanoide (estilo Alien, asqueroso. e_e), parecido a un bebé humano pero de un tamaño ilógico. Con un esfuerzo enorme, el tipo a quién intenté ayudar cargó a una nena y me dijo que me iba a ayudar a salir. Interpreté siempre, que se trataba de una entrada al infierno.

Atravesamos la puerta y el aspecto del hombre cambió drásticamente, de parecer un cadáver pasó a tener el aspecto de alguien vivo y sano. Recién ahí lo reconocí, era el padre de la familia. La chica que llevaba en brazos no estaba, no había cruzado o algo. El comedor se mimetizó con la habitación de repente, gris y deteriorada, como si hubiesen cambiado la ''sintonía'', y atrás del tipo apareció uno de los pálidos de la habitación, pero alguien le disparó y volvió ''de golpe'' adentro. Supe que el del disparo era conocido del padre. El comedor retornó a su aspecto anterior, y el hombre me pidió un poco de energía para seguir vivo un tiempo corto más, decía querer ayudarme por última vez. Accedí, y nos fuimos los tres en la camioneta. Al final, llegamos a un campo en donde nos encontramos con un grupo de personas armadas, tenían desde armas de fuego, hasta cuchillos y arcos. El padre de familia nos dejó ahí y se fue. No lo volvimos a ver.

Más tarde se nos acercó un tipo alto, robusto, que supuestamente era el lider del grupo y nos invitó a integrarnos, participando de una ceremonia. Nos llevó a una sala de baile abierta, comentando que la ceremonia consistía en establecer una tregua con espíritus de índole negativa que se llevaba a cabo bailando con ellos. Los espíritus eran seis, y adoptaban la forma de mujeres altas, vestidas de azul, muy similares en cuanto a rasgos faciales. Bailamos pero algo salió mal. Los vestidos de cuatro de ellas se volvieron negros, se desfiguraron y salieron disparadas para las afueras de la sala en una actitud hostil. Todos los del grupo se prepararon e hicieron lo mismo. Yo, estando desarmado seguí al líder, pero por culpa de el caos, los pastos altos y el resto de la maleza me separé y me perdí. El lugar era enorme, no encontraba a nadie y tampoco quería volver a el asentamiento. Corrí mucho hasta que vi a lo lejos unas casas a las que no pude acercarme por la amenaza de dos perros. Los perros me vieron, me siguieron e intentaron atacarme. Un caballo estaba cerca, los asustó y se alejaron. Traté de transmitirle al animal que necesitaba ayuda, lo hice de alguna manera, se acercó para que lo montara y me llevó hasta donde vivía.

Llegamos a una casa rodeada de árboles, entré y me encontré con un gato, un gatito, y una zorra. Los animales hablaban, tenían lenguaje humano. Decían que eran una familia reunida, no de sangre. Me propusieron vivir con ellos a su estilo, ya que de esa manera los espíritus y las brujas no se iban a interesar en mí. Acepté. Hablamos por la noche de cosas que no me acuerdo, y me desperté.
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