Borrando un egregor personal

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vacio Borrando un egregor personal

Mensaje por Golden Spirit el Sáb 24 Ene 2015, 13:02


Un egregor es una acumulación de energía, una masa de vibraciones que se concentra en planos no físicos, desde el etérico al mental, y que está asociado a un determinado concepto, arquetipo, emoción, forma de pensamiento, etc. Hay egregores positivos, o podríamos decir que compuestos por energías de carga positiva, y hay egregores que son todo lo contrario, asociados a miedos, temores, y todo el abanico de emociones y energías derivados de ellos. Hay egregores que se crean, por ejemplo, cuando miles de personas piensan y proyectan un cierto tipo de energía sobre un concepto, persona, idea, evento u objeto, apareciendo un campo energético asociado a ese evento, persona u objeto al que, entonces, una vez creado, todo el mundo que se “une” y “sigue” a ese evento, objeto o persona, puede sentir la conexión energética, su “peso” sobre tu psique, sus efectos, sus beneficios o sus historias miles asociadas, consciente o inconscientemente.

Como se forma un egregor

Para que se cree un egregor con cierta potencia y poder, tiene que haber una cantidad de energía mínima sostenida en el tiempo que cree, forme y mantenga esa bolsa de vibración. Una sola idea o pensamiento de una sola persona no crea un egregor sobre esa idea o pensamiento, pero miles de personas conectando con esa idea, o concepto, durante un cierto tiempo, y de forma regular, si que lo hace.
Así, hay egregores sobre personas, por ejemplo políticos, cantantes, escritores, y todo aquel que tiene una faceta pública donde hay otros que lo siguen, “piensan” en él, hablan de él, proyectan sus propias ideas o conclusiones sobre esa persona, evento o situación. Hay egregores sobre objetos muy potentes, por ejemplo, el miedo asociado a una tabla ouija es un egregor formado por las millones de personas que han jugado con ella y han tenido experiencias bastante negativas, y por la contribución de las series y películas de terror al respecto que han reforzado ese egregor. Hay egregores sobre libros que han leído millones de personas, y que tienen un campo energético propio formado por las ideas, opiniones, críticas y comentarios energéticos, mentales, y reacciones emocionales de todas esas personas. Hay egregores sobre libros que son muy positivos, y hay egregores sobre libros que por su contenido, vibración y tema, son muy negativos o te hacen sentir mal sin saber porqué.

Cuando el egregor toma vida

Cuando el egregor formado a partir de la proyección energética de muchas personas sobre algo, consciente o inconscientemente, tiene la suficiente fuerza, se puede convertir en una energía autoconsciente, podríamos decir que el propio egregor, como si fuera una balsa de gelatina flotando en uno de los planos no físicos que nos rodean, toma vida. Porciones de esa balsa de energía se desprenden, y de ahí que empezamos a hablar de energías negativas “autoconscientes”, “entidades” nacidas de concentraciones de ira, rabia, odio, violencia, etc., que funcionan luego por resonancia, siendo atraídas hacia aquellos eventos, personas o situaciones donde la ira, el odio o el miedo son la energía predominante.  Igual pasa con egregores de polaridad contraria, evidentemente.
Puesto que un egregor es energía creada por la proyección de los seres humanos a través de nuestros cuerpos emocionales y mentales, los seres humanos también podemos limpiarlos y desmontarlos de la misma forma, simplemente con la intención de hacerlo, aunque, depende del egregor que sea, esto requiere una cantidad de energía por parte de las personas que lo desean limpiar equivalente o casi igual a la energía del egregor en cuestión a limpiar. Cuando uno, a veces, trata de conectar con ciertos personajes mitológicos, con dioses, con “maestros”, etc., no conecta con el supuesto ser que fue tal o cual personaje, sino que conecta con su egregor correspondiente, con la proyección generada por millones de personas respecto a ese ser, maestro, o “dios” de cualquiera de las culturas existentes y precedentes de nuestra historia. Esos egregores, no son “el ser” al que creemos pedir ayuda, sino el arquetipo energético formado por la imagen que tenemos de ese ser o persona, y que es lo que, vibracionalmente, está más cerca nuestro, cuando hacemos esa oración, petición, o conexión con esa fuerza superior, deidad o maestro ancestral. En casi todos los casos, la oración a “San Fulanito” no es más que una conexión con el egregor de San Fulanito creado durante siglos y “su respuesta” no es más que la resonancia de “vuelta” que notamos cuando nos conectamos a ese egregor, que, como energía consciente que puede ser, tiene cierta “capacidad” de maniobra para interactuar con nosotros.

Eliminando y transmutando egregores

Para eliminar todos los egregores del planeta, a nivel etérico, emocional o mental, tendríamos que estar años revirtiendo todos los sistemas de creencias existentes en el mundo, buenos, malos o regulares, pues para lo que uno es bueno para otro no lo es, y para lo que uno es sagrado para otro es mundano y trivial, por lo tanto, existen egregores para cosas tan simples como un simple símbolo de algunas técnicas energéticas, al que se conectan miles de personas cuando lo usan,  como para cosas tan complejas como el dios de una religión profesada por millones de seres humanos.
Las personas que tienen una faceta pública, como os comentaba antes, también crean un egregor a su alrededor con su exposición al público, al mundo exterior, a  los demás. Aquí me voy a usar yo como ejemplo, para no hablar de nadie que no conozco, que además tampoco es lo que viene a cuento. A pesar de ser un egregor más o menos pequeñito, que yo mismo puedo controlar, el concepto “David Topí” tiene un egregor asociado creado por la proyección de todos aquellos que lleváis leyendo el blog desde sus inicios allá por el 2006, y los que os habéis ido incorporando al mismo en los últimos años. Cada vez que leéis, pensáis, habláis o comentáis algo sobre el concepto-imagen-personaje “David Topí”, se añade vuestra energía, emoción, pensamiento y proyección al egregor que se asocia a lo que escribo, hago o soy. El mini-egregor que existe en torno a mi página y a mi “imagen”, ha ido creciendo con los años, así que, regularmente, cuando siento que se me desmadra un poco, lo borro y desintegro por completo para que no haya ninguna energía asociada a mi de ninguna clase proyectada desde el exterior de forma inconsciente.
Esto, que nadie nota más que yo, tiene connotaciones muy curiosas, pues, de improviso, cuando deshago por completo todo el egregor asociado a mi blog, mis libros, mis cursos o mi persona, de repente, durante unos días, parece que no existo. No es que se dejen de leer los artículos del blog, sino que, directamente, se ha borrado y eliminado toda conexión existente entre el mundo exterior, y el arquetipo formado por las ideas que tenéis todos sobre ese tal “David Topí”. Así, baja la cantidad de emails que llegan, hay muchas menos visitas a la página, se cancela de vez en cuando algún evento porque no viene suficiente gente, etc., etc. Simplemente, no hay una energía vibrando que emita nada, durante una temporada,  que haga “atraer” por resonancia, a otros, hacia mi página, blog, eventos, etc. Eso, puesto que puedo visualizar el estado del egregor que se refiere a mi persona y transmutarlo y eliminarlo,  tiene un efecto muy liberador en mi, pues te desconecta de una “presión social” inconsciente que no te das cuenta que tienes.

Egregores con gran potencia

Si os ponéis a pensar en la gente que tiene millones de seguidores, o millones de detractores, que es lo mismo a efectos energéticos, simplemente el campo creado tendrá una polaridad energética u otra, podréis imaginar los egregores tan potentes que existen asociados al nombres, ideas, marcas o conceptos que represente para sus seguidores esa persona. Muchos de ellos, se sienten liberados cuando dejan de estar en el foco de atención de la opinión pública, porque, literalmente, “se han quitado un peso de encima”, que no es otra cosa que el peso de la proyección energética que la gente hace de ti, consciente o inconscientemente.
Ahora bien, ¿como se borra un egregor? Con la intención de hacerlo. Con un trabajo energético que pasa por conectar con ese campo de energía, por “recogerlo” mentalmente o con la fuerza de tu voluntad en algo que puedas manejar, en mi caso, lo convierto en una sola “bola”, por muy grande y expandido que esté hasta ese momento, por muy negro o brillante que esté en unas partes o en otra, según las críticas, pensamientos en contra o comentarios a favor de lo que voy haciendo, y una vez tengo la “bola” energética bajo el control de mi voluntad, la transmuto, la disuelvo y la mando de vuelta al estado primordial del que nació, digámosle, de vuelta al “éter”. Cada vez que lo hago, algo hace un “reset”, me libero de la energía proyectada sobre el concepto que se asocia a mi, y vuelta a empezar, porque, de nuevo, poco a poco, se vuelve a formar una masa energética nacida de las nuevas opiniones, emociones, sentimientos o pensamientos asociados a ti y la imagen creada sobre ti por los demás.
Si sois personajes semi-públicos o directamente gente “famosa”, no dudéis en ir eliminando vuestro egregor personal de forma regular, os asegurará una buena salud energética, estabilidad sin presión externa, y, de vez en cuando, desapareceréis energéticamente de la realidad de las personas que ya no tienen la conexión con vosotros, hasta que os vuelvan a buscar o engancharse, pero mantendréis bajo control este campo de “ondas” y concentraciones emocionales y mentales, y no os llegará a agobiar demasiado vuestra faceta pública y lo que hagáis de cara a los demás.

http://davidtopi.com/borrando-un-egregor-personal/#.VMOJti6rHOU
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vacio Re: Borrando un egregor personal

Mensaje por ElenaMeyer el Dom 25 Ene 2015, 21:06

Hooola Golden...

Cheee se me hizo lío.... Perate... vos me podrás traducir (fácil como para un niño), la diferencia entre:

Egregor
Tulpa
Larva Astral

.... ufff demasiados datos muy juntos en muy poco tiempo.... mi cabeza explota de nombres....

SOn lo mismo o yo me estoy haciendo un matete terrible??

Abrazos y Felíz DOmingo!
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vacio Re: Borrando un egregor personal

Mensaje por Jamiroth el Dom 25 Ene 2015, 23:54

Un poco más de info sobre los Egregores. Esta vez del sitio "Al filo de la realidad" de Gustavo Fernandez. https://alfilodelarealidad.wordpress.com

Fuente: https://alfilodelarealidad.wordpress.com/2015/01/18/que-es-un-egregoro/
Gustavo Fernández (Al filo de la realidad) escribió:



"Situación de posible formación de un Egrégoro"


Observo con cierta sorpresa que en los últimos tiempos, mis charlas y disertaciones sobre Autodefensa Psíquica, Hermetismo y otras disciplinas encuentran un público ávido de profundizar en ciertos conceptos, a la vez que desinformado de nociones básicas que uno –equivocadamente- daba por establecidos en el ideario colectivo. Ello pasa, por caso, con el concepto de los “Egrégoros” de manera que he resucitado un viejo artículo de mi autoría y, “aggiornándolo”, lo pongo ahora a disposición de todos los interesados en profundizar estas analogías.
Uno de los conceptos más interesantes que la moderna Parapsicología (rescatando, en armoniosa simbiosis, antiguops conocimientos herméticos) ha venido a aportar para la comprensión de muchos fenómenos fronterizos que vivenciamos en estos terrenos, y que por otra parte aumenta la conceptualización que establece una relación de continuidad entre las antiguas doctrinas y enseñanzas esotéricas y ocultistas y lo que hoy se viste con el cientificista y postmoderno ropaje de “investigaciones metapsíquicas”, es el definible por el término, común a los ocultistas pero casi ignoto para muchos de nuestros contemporáneos interesados, de “egrégoro” (también “egregor”). Su definición y comprensión aporta una explicación satisfactoria a muchos fenómenos casi cotidianamente experimentados o discutidos dentro de las ciencias del espíritu.
Es casi una discusión clásica del espiritualismo si muchos de los eventos que apuntan a señalar la existencia de ciertas “presencias”, realmente se deben a manifestaciones inteligentes exteriores al o los testigos (espíritus de personas fallecidas, entidades de distinto nivel de manifestación, ángeles, extraterrestres…) o sólo se trata de expresiones parapsíquicas de los protagonistas, fenómenos producidos por sus propias mentes pero que en virtud del medio cultural en que se mueven o las creencias preexistentes se “dramatizan” como entes ajenos a quien cree percibirlos. Así, toda una corriente de la que se llama “Parapsicología científica” sostiene que no existirían los espíritus –o seres espirituales– como tales, sino que se tratarían de una constelación de fenómenos parapsicológicos producidos por individuos vivos, que, en virtud de sus expectativas, asumen las características que se espera de ellos como seres ajenos a sí mismos. A ello se opone una corriente “espiritualista” que tiende a ver, precisamente, la acción de esos seres aun detrás de episodios quizás más cercanos a las manifestaciones inconscientes del sujeto.
Este verdadero maniqueísmo olvida, entonces, el concepto de “egrégoro”, a mitad de camino entre ambos. Según este término, pueden producirse condensaciones de pensamientos grupales, que podrían llegar a adquirir cierta autonomía, cierta independencia psíquica, pero necesariamente existe sólo como una función de ese pensamiento grupal (aquí estoy empleando la palabra “función” en el sentido matemático que se le da a la expresión: una cifra variable en relación a otra). Para entender su génesis, deberíamos establecer un paralelismo con la idea de los “complejos”, tan cara a la moderna Psicología.
Un complejo es, básicamente, un conjunto de elementos psicológicos que adquieren una relación intrínseca dentro de la esfera psíquica de una persona, habitualmente disparado por un hecho traumático y que, aglutinando elementos de ese psiquismo –reales o imaginarios– alrededor del recuerdo conciente o inconsciente del hecho traumático, condiciona la personalidad, adquiriendo en ocasiones cierto control sobre la misma, pero, como un parásito, existe sólo a expensas de ella, pero no sin ella.
Tomemos un ejemplo sencillo. En el inconsciente colectivo de todos nosotros (para más información sobre Inconsciente Colectivo, remito a las obras de Carl Jung o, mucho más modestamente, a otros artículos de mi autoría) existe como arquetipo el temor a la oscuridad. Esto es innato e inherente a toda la especie humana (precisamente por eso es arquetípico), un atavismo que nos remite a épocas prehistóricas, particularmente anteriores al descubrimiento de métodos artificiales para producir fuego, en que el hombre primitivo, de día, dominaba las sabanas y praderas, era el cazador; pero al oscurecer, al caer la noche, la falta de luz le convertía en la presa, el cazado. Oscuridad fue, durante centenares de miles de años, sinónimo del peligro de los grandes carniceros nocturnos acechando en las sombras. Ese temor se imprimió en nuestros genes al punto que, como un reflejo condicionado, en estos tiempos de luminarias eléctricas y ciudades sin fieras (animales, cuanto menos) el miedo subsiste. Generalmente, en todos nosotros sublimado como el temor a lo desconocido, y también como el temor al cambio. (La ecuación sería: oscuridad = desconocido; cambio = desconocido). Si el temor a la oscuridad es tan evidente en los pequeños, lo es sólo en función de que los mecanismos de represión, de adaptación al medio y de racionalización no se encuentran tan desarrollados como en los adultos, que con ellos minimizan su manifestación.
Bien. A los efectos de nuestro ejemplo, supongamos que un niño, digamos, de once años, regresa una noche a su casa luego de jugar en la de un amiguito. En él late, aunque no lo sabe quizás, el “miedo a la oscuridad” arquetípico. Y supongamos también que un chusco pariente, por hacer una broma, espera agazapado su paso detrás de un árbol para darle un soberano susto. Si las condiciones psicológicas son propicias, este evento desencadenará un “trauma” en el niño que, si no es elaborado, persistirá. ¿De qué forma?. Pues, aglutinando (hablo en sentido figurado) a su alrededor, durante los años siguientes, todos los hechos formal o simbólicamente identificables con ese hecho traumático. Así, se va formando un “quiste” en el inconsciente, que engorda y crece con cada nueva experiencia cuya semiótica es afín al “miedo a la oscuridad = desconocido = cambio”. Ya adulto, este “complejo” (pues ello es lo que se ha formado) puede condicionar y “controlar” muchos aspectos de la vida del sujeto, desde el simple caso que desista de un empleo mucho mejor remunerado sólo porque implique horarios nocturnos, hasta el más sutil que le coarte la libertad de arriesgarse a nuevas oportunidades por aquella ya mencionada sublimación del miedo a la oscuridad. Este complejo ha pasado a “imponer” pautas en la vida del sujeto que no son producto de una elección conciente. Pero ese complejo, un parásito que se alimenta de sus vivencias y que hace que algunas personas con complejos sean en realidad complejos con personas, no puede ser independiente; obviamente, si el sujeto fallece, el complejo desaparece con él.
Es válido suponer, también, que el Inconsciente Colectivo de la Humanidad tiene sus propios sucedáneos de complejos, a los que, por caso, me he referido en mi curso sobre “Autodefensa Psíquica”. Escribí en esa oportunidad:
“A nivel de la psicología colectiva (espacial y temporalmente) también se generan complejos, cuando las razas y los pueblos sufren “traumas” que quedan fijados en el Inconsciente Colectivo. Hace algunos miles de años, determinadas circunstancias (nos extenderíamos innecesariamente detallándolas aquí) hicieron que la Ciencia y la Religión que hasta ese entonces habían formado un solo cuerpo (al punto que los sacerdotes eran también los científicos) se separaran abruptamente. Hoy todavía estamos sufriendo las consecuencias de ese hecho, pues muchos de los males del hombre contemporáneo nacen del divorcio de esas dos esferas imprescindibles en la realización física, mental y espiritual del hombre.
Lo cierto es que la Humanidad no pudo ignorar ese hecho, y algo quedó en sus substratos subliminales. Lo que llamamos “complejo arquetípico de San Jorge”, representa esa confrontación trascendental, donde el Dragón (que junto a la Serpiente, representa el Conocimiento Racional) cae abatido por el Santo, la Religión. Por supuesto, caben aquí dos consideraciones importantes: primero, tal confrontación es indudablemente muy anterior a la Edad Media (ambientación figurativa fácilmente observable en estatuillas y estampas) y si así aparece se debe exclusivamente a la costumbre típica de los imagineros de ese entonces que ambientaban “en presente” acontecimientos en algunos casos de la más remota antigüedad, sumada al sincretismo de la existencia histórica de San Jorge. Buen ejemplo de lo primero son los numerosos óleos existentes con representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento donde los personajes protagónicos visten a la más pura usanza del siglo XIV.
Segundo, si el Santo aparece venciendo, es porque la versión es litúrgica. Si la ciencia ortodoxa, positivista, guardara recuerdo de este hecho, o dedicara parte de sus afanes y presupuesto a la alegoría, seguramente la versión sería muy distinta.”
Si el inconsciente colectivo de la Humanidad puede generar entidades no existentes previamente pero que adquieren después fuerza vital, cierto discernimiento y autonomía (algo así como un “parásito del inconsciente colectivo”), uno puede deducir dos conclusiones fundamentales: una, que quizás el gran secreto del Ocultismo sea el hecho de que no importa realmente si aquellas cosas en las que creemos realmente han existido originariamente o no, ya que el hecho de sostenerlas a través de los siglos terminó por hacerlas realidad.
La segunda, que un grupo de personas (una agrupación religiosa, un pueblo, un colectivo de sujetos), como parte microcósmica de ese inconsciente colectivo, formando lo que ya llamamos un “inconsciente grupal” puede generar sus propias “entidades parasitarias” o “entidades-complejo”, por definirlas de alguna forma. Debe comprenderse aquí que si bien los términos “parásito” y “complejo” generalmente adquieren connotaciones negativas, bien podemos aceptar que ese grupo de personas pueden generar, por el concurso de sus pensamientos, sus energías, el sostenimiento de las mismas a través del tiempo, entidades positivas, a las que seguiremos denominando con esas expresiones sólo por una cuestión de comodidad literaria.
Lo que sostenemos, concretamente, es esto: puedo reunirme con un grupo de personas (el número sería anecdótico, y tendría más que ver con los tiempos y la intensidad de las manifestaciones, pero no con la realidad del hecho en sí), “inventar” una entidad, dotarla de peculiaridades distinguibles, crearle una historia, una imagen y un poder, alimentarla psíquica o espiritualmente, y luego de un tiempo esa entidad “existirá”, autónomamente de nosotros, pero necesariamente dependiente de nuestras raíces. Si el grupo se desvincula, y otro no toma la “posta”, la entidad, el egrégoro se disolverá como el conjunto físico de sus partes constituitivas.
A resultas de lo cual, entonces, muchas de esas “entidades” que pululan por ahí, y sobre las que se discute si realmente existen fuera de la Humanidad o son solamente el producto de algunas mentes, bien podrían ser estas creaciones psíquicas que, debo repetirlo, no significa que sean “alucinatorias” e irreales, que sus acciones sean meras malinterpretaciones, juegos de nuestras mentes o fenómenos paranormales que producimos espontánea e involuntariamente y a los cuales les atribuímos una identidad equivocada. Existen por sí mismas, pero gracias a que han sido creadas por nosotros.
Las sesiones de Ouija (sobre las que volveremos en otra oportunidad), las invocaciones y la devoción de determinados santos, las “presencias”, en ocasiones con su carga de maldición sobre ciertas familias a través de los siglos serían ejemplos de egrégoros. Y los mismos, en ocasiones con lo que técnicamente en Parapsicología se denomina “ideoplastias” (las formas de pensamiento que los tibetanos conocen como tulpas), podrían establecer afortunadas simbiosis de recíproco beneficio: las materializaciones perceptibles de ciertas emociones o imágenes mentales alimentarían aún más al egrégoro el cual, a través de esa manifestación, se haría más “creíble” para las masas que reciclarían así su devoción o temor. Porque –esto debe ser evidente– una forma mental como el egrégoro se alimentará de materia mental: ideas intensas, sentimientos positivos o negativos, etc.
Entiéndase, entonces, al Egrégoro como un parásito del Inconsciente Colectivo o Grupal, una entidad en cierto modo autoconsciente y autárquica peor que no puede “desprenderse” de quienes le alimentan con su aporte de energía, y esta entidad, obviamente, no queda circunscripta a lo espiritual, religioso o esotérico. Un ejército puede tener su egrégoro (el tan mentado “sprit de corps”). Una hinchada de fútbol puede generar su egrégoro. Un partido político puede generar su egrégoro. Una familia puede generar su egrégoro…
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vacio Re: Borrando un egregor personal

Mensaje por Golden Spirit el Lun 26 Ene 2015, 00:01

Lesheavy escribió:Hooola Golden...

Cheee se me hizo lío.... Perate... vos me podrás traducir (fácil como para un niño), la diferencia entre:

Egregor
Tulpa
Larva Astral

.... ufff demasiados datos muy juntos en muy poco tiempo.... mi cabeza explota de nombres....

SOn lo mismo o yo me estoy haciendo un matete terrible??

Abrazos y Felíz DOmingo!

Es cuestión de tiempo llegar a comprenderlos mejor... no te agobies.
Ciertamente pueden llegar a tener puntos comunes (y a veces hay cosas que pueden ser el mismo concepto con diferente nombre, es cierto).

Por ejemplo, el egregor y el tulpa son creaciones mentales. Una larva puede serlo, puede no serlo.
Los tres necesitan de la energía de la persona, pero con diferentes puntualizaciones.

Peeeeeero... no. No son lo mismo pese a tener puntos comunes (a investigar toca, pero no te embotes la cabeza, de a poco. No se, si quieres intento explicarte por privado pero de seguro poco a poco vas a ir diferenciándolos).
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