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La sombra del demonio: La caza de brujas

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vacio La sombra del demonio: La caza de brujas

Mensaje por Aleksander Vladimirov el Jue 10 Sep 2015, 22:28

LA SOMBRA DEL DEMONIO

 
LA CAZA DE BRUJAS


 EL AQUELARRE DE GOYA

El diablo, bajo la forma de un macho cabrío, es adorado por un grupo de brujas que le ofrecen niños en sacrificio, alusión quizás a la práctica del aborto. // Óleo de Francisco Goya 1797-1798-Museo Lázaro Galdiano Madrid.
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Entre los siglos XV y XVIII, las autoridades de muchos lugares de Europa desencadenaron una brutal represión contra los  supuestos adoradores del diablo.
Miles de ellos fueron condenados y murieron en la hoguera.





 
Finales del siglo XVIII, un historiador alemán calculó que a lo largo de un milenio habían sido ejecutados en Europa nueve millones de supuestos brujos y brujas.
En realidad, el número fue muy inferior:
                        Los estudiosos actuales estiman que entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XVIII, se produjeron entre 40.000 a 60.000 condenas a la pena capital por ese concepto. Aun así, se trata de una cifra muy considerable, a la que cabe añadir aquellos que murieron como consecuencia del trato infringido durante la detención y, asimismo, los muchos que sufrieron linchamiento como sospechosos de brujería, al margen de cualquier proceso formal y que, por tanto, no fueron debidamente registrados.
 
No hay duda de que la brujería fue uno de los fenómenos más dramáticos de la Europa moderna y sus consecuencias fueron terribles;  decenas de miles de personas acusadas de connivencia con el diablo, la mayoría humildes mujeres, fueron objeto de terribles oleadas de persecución en las que salió a relucir la radical intolerancia de su época.
 
            Aunque la creencia en la brujería está documentada desde épocas muy remotas de la historia de Europa, fue a partir del siglo XIII cuando la idea se convirtió en una auténtica obsesión y empezaron a desencadenarse persecuciones organizadas por la Iglesia. La razón de ello se encuentra, seguramente, en la aparición, precisamente en ese tiempo de un poderoso movimiento herético en amplias zonas del continente, sobre todo en el sur de Francia: l
 


  • Los cátaros. 


 
Para reprimirlos, la Iglesia de Roma puso a punto una institución de gran poder, la Inquisición, que con el tiempo se encargaría de controlar a quienes realizaban prácticas mágicas..

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DIABLOS DE CARNE Y HUESO
EL GRAN TEÓLOGO  Tomás de Aquino, en el siglo XIII, formuló una idea que tendría una larga fortuna: “La fe católica afirma que los demonios existen, que son capaces de hacer daño y que impiden el acto carnal”. Anteriormente la brujería se consideraba una práctica de paganismo popular que había que reprimir, pero sin relacionarla con demonios reales. A partir de santo Tomas, en cambio, la existencia del diablo se convirtió en un dogma del cristianismo y ponerla en duda se consideró signo de una falta de fe e incluso de herejía.
De ahí los numerosos tratados teológicos que se dedicaron en los siglos XVI y XVII a las brujas y sus tratos con los demonios, escritos a menudo por estudiosos de gran prestigio. Por ejemplo Jean Bodin, autor de la república, obra central del pensamiento político moderno, escribió también  “La demonología de los brujos”

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De las herejías a la brujería.
 
            La identificación entre magia y herejía fue un proceso gradual. En 1233, el papa Gregorio IX promulgó la bula Vox in Rama, en la que se acusaba a una imprecisa secta de herejes alemanes de adorar a animales monstruosos, cometer sacrilegios y practicar rituales orgiásticos. Acusaciones semejantes se vertieron a principios del siglo XIV contra los templarios, en el gran proceso que se organizó contra ellos tras la supresión de la orden militar. Posteriormente, en 1326, la bula Super illius specula, de Juan XXII, equiparó definitivamente las prácticas o las creencias mágicas con la herejía, permitiendo que se aplicasen también a estas últimas los procedimientos inquisitoriales normales.
            Por último en 1484 el papa Inocencio VIII, en la bula Summis desiderantes affectibus, formuló una condena radical de todos aquellos que cometieran actos diabólicos y ofendieran así la fe cristiana “ Muchas personas de ambos sexos se han abandonado a demonios, íncubos y súcubos, y por sus encantamientos, conjuros y otras abominaciones han matado a niños aún en el vientre de la madre, han destruido el ganado y las cosechas, atormentan a hombres y mujeres y les impiden concebir; y, sobre todo, reniegan blasfemamente de la fe que es la suya por el sacramento del bautismo, y a instigación del Enemigo de la Humanidad no dudan en cometer y perpetrar las peores abominaciones y excesos más vergonzosos para peligro mortal de sus almas”
 
            La lucha contra la herejía sirvió, pues, de pretexto para los episodios de caza de brujas que surgieron con creciente frecuencia a partir del siglo XV.
Esto ocurrió en la Suiza franco provenzal, así como en el norte de Francia. En 1459, en la ciudad de Arras, entonces bajo soberanía de los diques de Borgoña, la condena de un ermitaño por magia demoníaca provocó una serie de confesiones en cadena, ayudadas por la tortura, que terminaron con 29 acusaciones y 12 ejecuciones. El episodio fue conocido comovauderie de Arras, en referencia a los vaudois, “valdenses”, una corriente herética surgida en los siglos XII y XIII. El eco del asunto provocó la intervención del duque Felipe el Bueno, que logró frenar lo que ya parecía una psicosis colectiva. Los condenados fueron rehabilitados muchos años más tarde, en 1491.
 
            El período más intenso de caza de brujas se sitúa, en cualquier caso, en la segunda mitad del siglo XVI y se prolongó hasta 1660. Sin duda, no es casualidad que esta fase se corresponda, en parte, con la llamada “pequeña era glacial”: un empeoramiento. Climático que trajo malas cosechas y carestías; fenómeno que parece haber afectado varias áreas de Europa en diferentes momentos entre 1580 y 1630, al que siguió la trágica oleada de peste de 1630.
La posterior mejoría económica se correspondió igualmente con una disminución generalizada de los procesos, aunque en algunas zonas fue a finales del siglo XVII cuando se produjeron los peores casos de caza de brujas.

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PRADOS Y MONTES DEMONÍACOS

El aquelarre de las brujas- Oleo de “Franks Francken II -El joven”-pintor flamenco
 
NO SIEMPRE LOS AQUELARRES  se celebraban en zonas sin determinar; algunos lugares mencionados en los procesos tienen, en efecto, un nombre muy concreto. Es el caso del Brocken (o Blocksberg, o Bocksberg), el monte principal de Sajonia donde, según la tradición germánica, se reunían las brujas en la noche de Valpurgis  (entre el 30 de abril y el 1 de Mayo) y donde Goethe ambientó el aquelarre de Fausto. La elección podría relacionarse con antiguas creencias en las Valquirias, las almas de los difuntos que en la noche del primero de mayo se decía que vagaban en grupo.
En cambio es de difícil localización el Blakulla (“la montaña negra” o azul: bla en sueco indica ambos colores según las épocas), quizá ligado a la isla de Bla Jungfrun, famosa por la oleada de procesos registrados en Suecia entre 1668 y 1676. Pero había más lugares: el Akelarre, esto es “prado del macho cabrío”, en los territorios vascos; el monte Domen en el Finnmark noruego; Kyöpelinvuori en Finlandia, la “montaña de los fantasmas” donde cazaban mujeres difuntas, y, a partir del siglo XV, un nogal en Benevento, en el sur de Italia.

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Masacres en Alemania
 
            La caza de brujas no tuvo el mismo alcance ni la misma intensidad en toda Europa. Sin lugar a dudas, el territorio en el que se desarrollaron las persecuciones más virulentas y numerosas fue Alemania. La gran mayoría de los procesos se produjeron entre los siglos XVII y XVIII, y la cifra total de víctimas oscila entre 22.000 y 25.000 – aunque hay autores que la elevan a 30.000-, lo que representa la mitad del total europeo.  En las primeras décadas del siglo XVII, en particular, estalló una auténtica psicosis colectiva en el suroeste del país, en torno a las ciudades de Bamberg, Maguncia, Eichstätt o Würzburg, donde se desarrollaron procesos masivos, en los que condenados y ejecutados se contaban por centenares.


 

Bamberg, en Baviera (Alemania)

Esta población alemana vivió en el siglo XVII una auténtica epidemia de caza de brujas.

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            Una causa de ello fue la fragmentación política del Sacro Imperio Romano Germánico: al no haber un poder central fuerte, cada ciudad se enfrentaba al problema con cierto grado de autonomía, lo que propiciaba abusos y actuaciones discrecionales. Asimismo, la coexistencia de grupos de católicos y reformados, como ocurría en el suroeste de Alemania, creaba graves tensiones que desembocaban con frecuencia en acusaciones recíprocas de brujería.
 
            Los procesos de brujería en las ciudades alemanas alcanzaron cotas inusitadas de dramatismo. Un testimonio de los procesos de Würzburg explicaba en una carta a un conocido en 1629: “Hay niños de tres y cuatro años, hasta 300, de los que se dice que han tenido tratos con el Diablo. He visto como ejecutaban a chicos de siete años, estudiantes prometedores de 10, 12, 14, 15 años. También había nobles”. Sin embargo el mismo testimonio estaba convencido de la realidad de las acusaciones: “No hay duda de que el Diablo en persona, con  8.000 de sus seguidores, mantuvo una reunión y celebró misa ante todos ellos, administrando a sus oyentes cortezas y mondaduras de nabos en lugar de la Sagrada Hostia. Se pronunciaron blasfemias tan horribles que tiemblo de escribirlas”
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Brujeria en Salzburgo-

Heinrich Krammer autor de Malleus Malleficarum, fue nombrado Inquisidor de Salzburgo en 1474 y se convirtió en la mano derecha de su obispo. (Imagen- Vista Nocturna de Salzburgo)

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Combatir al diablo y sus acólitos
  
            En otros puntos de Europa no faltaron los procesos masivos, generalmente en regiones periféricas, fuera del control de los gobiernos  centrales. Por ejemplo, en el suroeste de Francia, jun juez de Burdeos, Pierre de Lancre, lanzó una pesquisa que llevó a la hoguera a 80 supuestos brujos, mientras que otros 500 sospechosos fueron absueltos, debido principalmente a su corta edad. Lancre estaba convencido de haber visto 3.000 niños con la marca del demonio y de que en el País Vasco francés había una secta diabólica con 30.000 miembros; “todos los habitantes de la Navarra son brujos”, escribió.  En Lorena Nicolas Rémy, otro magistrado firmemente convencido de la existencia del demonio, envió a la muerte a cientos de brujas entre 1586 y 1595. En cambio, el Parlamento de París, tribunal supremo de Francia, raramente ratificaba las condenas a muerte.

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PLAGA DE BRUJERÍA EN ESCOCIA.

EL NOMBRE DE JACOBO VI rey de Escocia y luego de Inglaterra, quedó asociado con un célebre proceso de brujería que se desarrolló en la población escocesa de North Berwick entre 1590 y 1592.
Gillis Duncan, una criada, confesó bajo tortura estar aliada con el diablo y acusó de complicidad a otras personas. Nombró a varios hombres y mujeres conocidos del pueblo, entre ellos Agnes Sampson, una “mujer sabia” o curandera. Sampson compareció ante el rey y un consejo de nobles para hacer frente a la acusación. Cruelmente torturada, la mujer termino confesando 53 cargos, entre ellos haber intentado ahogar al rey y su prometida en el mar, en 1589, desencadenar una tormenta que hizo zozobrar en navío en el que viajaban. En total se acusó a 70 personas . Muchas fueron encarceladas y otras, como Agnes Sampson, ejécutadas
 

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            En Inglaterra, hasta 1640 se ha calculado que no se quemó a más de 44 personas. Sin embargo, durante el período de guerra civil iniciado en 1640, cuando el poder central era débil y los conflictos religiosos estaban exacerbados, se produjeron persecuciones terribles. Por ejemplo, entre 1644 y 1648 el juez Mathew Hopkins condenó a muerte a 200 personas. En la península escandinava la brujomanía llegó más  tarde, pero cuando lo hizo causó estragos. En 1668, un juicio que llevó a la hoguera a 30 personas, acusadas de secuestrar niños y de tener tratos con el diablo, dio lugar a una caza de brujas generalizada  por todo el país. Trescientas personas fueron ejecutadas, casi todas mujeres. Cabe señalar que sólo una fue quemada viva, pues la costumbre era decapitarlas antes. En 1675, en tres pequeñas aldeas del centro de Suecia que sumaban 670 habitantes mayores de 15 años, fueron ejecutadas 71 personas: 65 mujeres, dos hombres y cuatro chicos. La base principal de la acusación fueron las “confesiones” de niños que contaban historias fantásticas sobre cómo las brujas los habían llevado a Blockulla, la residencia del diablo en la mitología nórdica.
 
 

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EL CASO DE LAS MONJAS POSEÍDAS

 
AL TURBIO ASUNTO DE LOUDUN,  ciudad de Francia occidental, se han dedicado varias obras literarias y al menos una película. Hacía mediados del siglo XVII, la madre superiora de un convento de ursulinas mostró algunas señales de desequilibrio que fueron interpretadas por ella y por las demás monjas como posesión diabólica. La mujer se sometió a exorcismos públicos, conducidos por frailes capuchinos, cuyo único resultado fue contagiar a otras monjas del convento. Así, las monjas y los capuchinos acabaron acusando de brujería a un canónigo local, Urbain Grandier, que ya había sido criticado por su libertinaje y que se había enemistado con el cardenal Richelieu al criticar públicamente su política. Pese a la tortura, Grandier negó toda culpa, aunque no consiguió evitar, en 1634, ser condenado a la hoguera. Las muchas dudas levantadas por el suceso – debido a los evidentes intereses políticos, la voluntad de dañar a Grandier y a causa de la perturbada personalidad de la superiora—suscitaron un debate muy áspero y tuvieron el poder de frenar definitivamente los procesos de brujería en el país.
 

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El sur de Europa, menos contundente
 
            Al contrario de lo que podría creerse, la muy católica España quedo libre en buena medida de las explosiones de violencia contra las supuestas brujas, de modo que el número de víctimas resultó muy bajo si lo comparamos con el de la Europa central y septentrional. El mérito de ello corresponde a la tan difamada Inquisición, que aquí era especialmente eficaz. La decisión clave en este sentido se tomó después de una redada en los valles de Navarra en 1525, que terminó con la ejecución de entre 30 y 40 personas. Al año siguiente, una junta de juristas en Granada determinó que en adelante los casos de brujería  serían competencia de la Inquisición y poco después se establecieron una serie de normas estrictas para los inquisidores, que debían comprobar si los acusados habían sufrido torturas, en cuyo caso las confesiones serían rechazadas. Aun así, también se produjeron episodios de persecución masiva, como el bien conocido de las brujas de Zugarramurdi, la localidad navarra en la que, en 1609, fueron apresadas decenas de personas, la mayoría en base a las acusaciones realizadas por niños. De ellas, treinta resultaron condenadas en un auto de fe, once a muerte, aunque sólo se quemó a seis, pues las otras habían fallecido en prisión.
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LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI

Los acusados de brujería en Navarra en 1609 confesaron que se reunían varias veces a la semana por la noche, en un prado próximo a unas grutas, donde adoraban al diablo y realizaban orgías

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            En Italia, los procesos, aunque empezaron pronto, no fueron frecuentes y las condenas a muerte no fueron muchas, gracias, como en España, a las instrucciones de la Inquisición.
Por ejemplo en 1589, coincidiendo con un período de carestía y de elevada mortalidad infantil, dio inicio en Triora, cerca de Génova, un proceso en el que se encausó a un considerable número de mujeres. Las diligencias e prolongaron largo tiempo y algunas prisioneras murieron en la cárcel a causa del trato sufrido, pero la Inquisición romana puso fin al episodio.
En las áreas alpinas de Italia también subo oleadas de persecución, especialmente en la década de 1630, propiciadas por la situación de tensión confesional entre católicos y protestantes así como por las condiciones de pobreza en la zona, agravadas por la peste de 1630 que mató a la mitad de la población.
 
El triunfo de la razón
 
            Al tiempo que arreciaba la caza de bujas en numerosas regiones de Europa, surgieron voces críticas que ponían en cuestión la realidad de las acusaciones sobre posesiones diabólicas. Por ejemplo, cuando en la primera mitad del siglo XVI se pidió al jurista milanés Andrea Alciati su parecer sobre unos procesos en el valle alpino de La Valtelina, quedó impresionado por la dureza del trato infligido a los  acusados y por el número de ejecuciones, y argumentó por escrito sus opiniones críticas. Más tarde, el médico brabazón Johann Wier afirmaba en dos tratados que el demonio ejerce su poder confundiendo las mentes de las presuntas brujas, pero también induciendo en la sociedad mucha credulidad hacía el fenómeno.
 
            En España, el humanista Pedro de Valencia afirmó en un informe sobre el caso de las brujas de Zugarramurdi, que éstas fueron “juntas de hombre y mujeres que tienen por fin el que han tenido y tendrán todos los tales en todos los siglos, que es torpeza carnal (…) Siguiendo estos vicios y guiados por estos espíritus se van los brujos y brujas por sus pies a las juntas y procuran meter en el juego niños y niñas, como más fáciles de cazar”. Según Valencia, no había que dar crédito a las confesiones de los acusados, pues éstos“dicen de propósito disparates increíbles para encubrir la verdad y porque los dejen”. El  jesuita alemán Friedrich von Spee, por su parte, que había sido testigo de numerosos procesos  por brujería, publicó en 1631 un libro en el que denunciaba que en estos procesos se consideraba culpable al imputado antes de que se presentasen pruebas válidas.
 
            En el siglo XVIII, las críticas contra la creencia en las brujas se hicieron aún más insistentes. Por ejemplo, el noble veronés Scipione Maffei negó en numerosos escritos la realidad de todas las creencias mágicas. Montesquieu y Voltaire fueron igualmente radicales en tachar de supersticiones tantos las  creencias en las brujas como las de sus acusadores; para ellos, la caza de brujas no había sido otra cosa que un gran fraude, facilitado por la ignorancia y el oscurantismo, que sólo el Siglo de las Luces era capaz de superar.
 
 
 
Fuente: Revista Historia-nº 110-Marina Montesano -Universidad de Génova


Fuente: http://mitologiayleyendas.ning.com/group/brujas/forum/topics/la-sombra-del-demonio-la-caza-de-brujas
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vacio Re: La sombra del demonio: La caza de brujas

Mensaje por ElenaMeyer el Jue 10 Sep 2015, 23:17

Me da escalofríos de solo pensarlo... pobre de mí.... :-(
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En algún aspecto siente ser algo más que un ser humano

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